En 1792 surge la segunda universidad del país frente a muchas necesidades sociales y la dificultad de salir a estudiar

En ese entonces “las familias de Guadalajara que podían, enviaban a sus hijos a hacer sus estudios superiores a la Ciudad de México –que estaba a 5 días de viaje- o a Europa -los más ricos-”, señaló el doctor Carlos Ramiro Ruiz Moreno, académico del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), quien ha estudiado la historia de la Universidad de Guadalajara.
 
Además, había recursos trascendentes pero también diversos problemas como pobreza, hambre, sequías y heladas, así como “enfermedades ocasionadas por higiene y salud en general, que disparaban enfermedades oportunistas y epidemias que azotaban y cobraban miles de vidas”.
 
La fundación de una universidad en Guadalajara enfrentó diversos obstáculos. Se tuvo que superar el dictamen de la Real y Pontificia Universidad de México –fundada en 1553- que señalaba que “era suficiente una universidad para la Nueva España”, y tuvieron que transcurrir alrededor de 90 años de algunas gestiones de obispos y regidores de Guadalajara al rey de España; “hay trámites de solicitud fechados en 1700 y  1750”.
 
Las solicitudes dan un giro cuando en los 70 llega como obispo de Guadalajara, Fray Antonio Alcalde y Barriga, religioso dominico, caritativo, de gran vitalidad a sus 70 años, quien “detecta las necesidades de los pobladores y se avoca a contribuir con soluciones”. Realiza varias obras para combatir la pobreza y las enfermedades; promueve siembras y cocinas, manda a construir casas y escuelas. Funda el Hospital Real de San Miguel de Belén, que pasó a ser el Hospital Civil de Guadalajara (HCG), hospital escuela de la UdeG.
 
Respecto a la fundación de una universidad, Fray Antonio envío al rey de España una serie de escritos fechados en los 70 y en los 80. Su preocupación era “lograr el adelantamiento de la juventud, que por falta de universidad se atrasan en sus estudios”.
 
A partir de una contestación del rey de que sí era posible fundar algunos estudios, toma la decisión en 1785 de otorgar una donación personal valiosa para fundar tres cátedras: Derecho, Medicina y Teología. En sus cartas de donación establece que lo que quiere es evitar “el desprendimiento de las familias de los hijos, ya que la distancia con la Ciudad de México terminaba con mutilar la unión de las familias”.
 
Se logra la autorización
Finalmente, en noviembre de 1791 se expide la Real cédula de fundación en la que el rey establece, “he resuelto a consulta del nominado mi Consejo de Indias se erija y establezca una universidad en esa ciudad Guadalajara, de la Nueva Galicia”. “Debido a que las comunicaciones eran por barco, fue hasta abril del año siguiente que se recibe la comunicación”, que se celebra con repique de campanas y procesión.
 
Es el 3 de noviembre 1792, en el Colegio de Santo Tomás, ahora Biblioteca Iberoamericana “Octavio Paz”, que se inaugura la universidad con la lectura de la Real cédula y que se celebra con salvas, repique de campanas y otras conmemoraciones. El especialista del CUCSH afirmó que “no hubiéramos tenido universidad sin la voluntad férrea y sistemática de Fray Antonio”, quien lamentablemente falleció dos meses antes de la inauguración.
 
La institución “adopta el modelo de la de Salamanca y surge clasificada como Real y Literaria” (y –de acuerdo con otros investigadores- es nombrada en diversos documentos también como Real o como la Universidad de la ciudad).
 
“Esa universidad es un referente inspirador que formó y que permitió el desarrollo -limitado posiblemente en el siglo XVIII y se fortalece en el XIX- de las bases de lo que va a ser la UdeG de 1925”, concluye Ruiz Moreno.
 
En estos 223 años las diversas instancias que fueron conformando la UdeG en los diferentes momentos de la historia, han impactado el desarrollo social y la han convertido en la segunda universidad más grande del país, con algunos indicadores destacados a nivel nacional e internacional.
 
 
A T E N T A M E N T E
“Piensa y Trabaja”
Guadalajara, Jal., 2 de noviembre de 2015

 
Texto: Lucía López
Fotografía: Archivo