La guerra de los Balcanes y los intelectuales alemanes o la búsqueda de orientación

Klaus Joerg Ruhl Centro de Estudios Europeos Universidad de Guadalajara ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­

El poeta y la guerra
El escritor austriaco Peter Handke es un prestigioso poeta cuya fama rebasa las fronteras de los países de lengua alemana. En sus novelas y piezas teatrales se ocupa en especial de la discrepancia entre el lenguaje hablado y aquello que en realidad sucede en el mundo. En 1973, como reconocimiento a su compromiso literario-político le fue otorgado el premio de mayor crédito en la literatura alemana, que lleva el nombre de Georg Buchner, un dramaturgo que con sus visiones socialrevolucionarias puso en su contra repetidas veces a las clases altas en Alemania.

Durante la guerra en Bosnia, a finales de 1995, Peter Handke viajó a Serbia y publicó a su regreso, en uno de los grandes periódicos alemanes, un informe que poco tiempo después apareció en las librerías con el título Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina, o Justicia para Serbia (1996); con ello desencadenó una controversia entre los intelectuales alemanes. En las presentaciones de su texto en diversas ciudades alemanas, Handke tuvo que enfrentarse a indignados manifestantes.

En su artículo, Handke ataca en forma aguda la posición de Occidente frenta a Serbia, la que considera prejuiciosa y hostil. El pueblo serbio, según él, es identificado sin justificación con sus líderes políticos y Serbia señalada sin razón como la única responsable de la guerra de los Balcanes. Además, los periodistas occidentales han exagerado con toda intención el sufrimiento de la población civil en Bosnia, y proporcionado conscientemente imágenes de las víctimas de las masacres serbias.

Algunos escritores e intelectuales, entre ellos Peter Schneider, uno de los portavoces de la protesta alemana en contra de la guerra de Vietnam en los años sesenta, le reprocharon a Handke negar en forma irresponsable las dimensiones de las crueldades militares serbias. Para Schneider, los furiosos ataques de Handke contra la supuesta hostilidad occidental frente a los serbios eran sintomáticos de la posición de gran parte de los intelectuales alemanes que durante años conscientemente reprimieron o ignoraron la situación de terror en los Balcanes. Ahora, según Schneider, se esfuerzan por descargar su conciencia intentando cuestionar la realidad de la guerra de aniquilación étnica en la entonces Yugoslavia, pero se confrontan brevemente con ella, y aducen que se trata de un invento de los medios de comunicación occidentales.

Handke concluye su informe Justicia para Serbia con ataques mordaces a los valores occidentales y contrapone a la sociedad de consumo y de medios en Occidente la ejemplar sencillez y modestia de las formas de vida de los serbios. Sus críticos defienden, por el contrario, los valores fundamentales de la civilización liberal y exigen hacerlos valer, en caso necesario, con la amenaza de usar la fuerza contra dictadores que interrumpan la paz.

Las consecuencias de la caída del muro de Berlín
En un primer plano, la controversia sobre el artículo periodístico de Handke gira en torno a la guerra de los Balcanes, a la crueldad de las acciones, la limpieza étnica y sus responsables, pero en el fondo se trata de responder a un asunto que domina la discusión intelectual desde el cambio político radical en Europa central y Europa del este y la disolución del régimen comunista en los años 1989/1990. ¿Debe continuar Alemania el camino de la integración en Occidente o debe orientarse de nuevo cultural y políticamente después de los cambios en la situación europea que siguieron a la caída del muro de Berlín?

En los años cincuenta, la Alemania dividida había definido con claridad su orientación política y cultural. En la parte occidental, en la República Federal de Alemania, los políticos de la coalición en el gobierno, demócratas cristianos (cdu y csu) y demócratas liberales (fdp) se pronunciaron por una clara vinculación a Estados Unidos, por una comunidad de valores transatlántica y por la aceptación y defensa de los valores liberales fundamentales. En el este, en la República Democrática Alemana, surgió, después de que comunistas y socialdemócratas fueron obligados a fusionarse en el Partido Socialista Unificado (sed), un poder político que tenía como modelo cultural y político a la Unión Soviética.

Para los intelectuales de izquierda en la República Federal de Alemania era, sin embargo, el camino socialista entre los bloques militares, entre la otan y el Pacto de Varsovia, una alternativa imaginable. A esta idea se adhirieron en los años ochenta, bajo la carrera armamentista entre la Unión Soviética y Estados Unidos, algunos intelectuales en la República Democrática Alemana. Con la caída del muro de Berlín, escritores e intelectuales vieron la posibilidad de transformar la República Democrática Alemana en un Estado socialista modelo, reformado y desestalinizado; no obstante, después de la reunificación de Alemania en un sistema liberal-capitalista, los escritores e intelectuales cayeron en una crisis de orientación: ¿cómo habría que continuar?

La división de la izquierda
Las reflexiones teóricas que iniciaron poco después de la reunificación alemana estuvieron dominadas por aquellos intelectuales que habían dado el tono en el movimiento estudiantil de protesta de los años sesenta, pero a diferencia del movimiento de aquel entonces, la izquierda de los años noventa estaba dividida en dos: los nuevos conservadores culturales y los radicales de izquierda.

Entre los nuevos conservadores culturales se encuentran quienes abogan por un cambio que retome valores que aseguren la conservación de la cultura, entre ellos destacan dos autores que han recibido el premio Georg Buchner: el dramaturgo Botho Strauss, quien recientemente tuvo un gran éxito literario y durante mucho tiempo estuvo en primer lugar en las listas norteamericanas de libros más vendidos, y el escritor Martin Walser, cuyas afirmaciones sobre el nacionalsocialismo durante una premiación a finales del año pasado ocuparon varias semanas las secciones culturales de los periódicos alemanes.

A este grupo pertenecen también aquellos que alguna vez fueron revolucionarios como Peter Schneider, quien en forma vehemente tomó posición contra Peter Handke, y Daniel Cohn-Bendit, uno de los líderes de las revueltas estudiantiles de París en 1968, quienes hoy aparecen como decididos defensores de los principios fundamentales de la democracia parlamentaria y de las reglas formales de procedimiento de una sociedad abierta. Ellos se pronuncian por una vinculación más estrecha a Occidente, especialmente a Estados Unidos, que una vez fue combatido como el enemigo principal de la humanidad en las protestas callejeras.


Todos los conservadores culturales tienen en común la decepción del fracaso del "socialismo real" en la República Democrática Alemana como sistema alternativo y de la utopía de un orden social más allá del capitalismo, como se expresa, por ejemplo, en la novela Es cuento largo (Madrid, 1997), de Gunter Grass. Este grupo impulsa ahora un reencuentro con lo nacional. La amenaza y el uso de la fuerza como instrumento de la política ya no es tampoco para ellos ningún tabú, una consecuencia de la discusión entre los intelectuales sobre la guerra del Golfo Pérsico en 1991.


Este proceso de adaptación a la realidad después de la reunificación alemana es para los teóricos de la izquierda radical, el segundo grupo, un verdadero escándalo. Estos intelectuales, como el intendente del Berliner Volksbuhne, Frank Castorf, han permanecido fieles a las viejas ideas utópicas del socialismo y pacifismo y condenan la civilización occidental del capitalismo y del consumo como un fenómeno decadente que amenaza la existencia de la humanidad. Sus simpatizantes se encuentran en las respectivas alas de izquierda del Partido Socialdemócrata y del Partido Verde, pero sobre todo en el descendiente del Partido Socialista Unificado de la antigua República Democrática Alemana, el Partido del Socialismo Democrático (pds).


En el terreno político no existía hasta el otoño de 1998 ninguna fuerza política digna de mencionarse que cuestionara abiertamente la pertenencia a la comunidad de valores transatlántica, la cual fue un fundamento esencial para la actividad política del gobierno del demócrata cristiano Helmut Kohl, de 1982 a 1998. Después de la victoria en las elecciones federales, en octubre de 1998, el Partido Socialdemócrata y el partido ecologista, Los Verdes, constituyen el gobierno federal. Y buena parte de sus seguidores no están dispuestos a soportar el consenso. Con el trasfondo del nacionalismo étnico en la entonces Yugoslavia, crece en los círculos intelectuales de los radicales de izquierda la idea de terminar la relación entre Europa occidental y Estados Unidos y seguir un propio camino europeo.

El silencio de los intelectuales
La discusión sobre la orientación política-cultural de la Alemania del futuro y el lugar de Europa en el mundo se encienden de nuevo en los debates sobre la guerra de los Balcanes y la apreciación del nacionalismo en Europa suroriental y alcanzan en la controversia sobre las afirmaciones de Peter Handke un primer punto culminante. El regreso de la guerra en Europa, después de un lapso de paz que se inició al terminar la segunda guerra mundial, y la búsqueda de la reacción adecuada han conmocionado profundamente a los intelectuales alemanes y profundizado su división.


Desde un inicio, la explicación teórica de la guerra de los Balcanes representa un problema para los intelectuales, pues la aniquilación étnica y la deportación en la entonces Yugoslavia han llevado al absurdo las teorías de la "poshistoria", del "final del sujeto", de "la desaparición de la realidad" y de "lo superfluo de la política". La guerra de los Balcanes tampoco puede ser aclarada de manera plausible con el instrumentario de la tradición teórica izquierdista. Ningún "proceso anónimo de modernización", ninguna dinámica "de la razón instrumental", puede ser hecho responsable de este desarrollo. Ni al capitalismo ni al imperialismo ni a la globalización se les puede atribuir estos sucesos.


Así, los intelectuales, en especial los de izquierda, se encuentran frente a las masacres sangrientas de seres indefensos; frente a la expulsión étnica, a los muertos y los torturados en un estado de parálisis teórica y moral. Comprometerse activamente por la defensa de los derechos humanos, que son violados en los Balcanes, no es un asunto que sin duda pueda ser objeto de consideración. Con sus ataques durante años contra los valores del liberalismo occidental, que habían criticado como instrumentos de la represión colonial, despojaron de su fundamento la defensa de los derechos humanos, uno de los pilares centrales de la sociedad occidental abierta.


Después de las observaciones mordaces de los medios de comunicación conservadores sobre el fracaso de los proyectos utópicos como resultado de la caída del muro de Berlín, estos intelectuales (con excepción de Peter Handke) consideraron conveniente no seguirse desacreditando con un compromiso público. Su reacción a los hechos en los Balcanes fue un silencio generalizado; no hubo ninguna manifestación permanente por la paz en las calles céntricas, ninguna huelga de hambre por la paz, ningún llamado a la paz, como sucedió durante la guerra del Golfo cuando Estados Unidos fue catalogado como agresor.

En silencio permanecieron también aquellos moralistas que durante la carrera armamentista entre los americanos y los soviéticos en los años ochenta aparecieron haciendo llamados a la conciencia de la humanidad. Ellos tendieron a evitar hacerse una opinión más o menos clara sobre los Balcanes o ignorar por completo este problema. Su silencio lo compensaron con conjuras apocalípticas o remitiéndose a urgentes problemas en el propio país.

La nueva derecha
A la sombra del debate izquierdista y de los conflictos militares, un grupo de intelectuales de derecha intenta encontrar oídos para sus ideas. La nueva derecha, que se apoya en clásicos ultraconservadores como el escritor Ernst Junger (1895-1997) y el jurista en derecho público Carl Schmidt (1888-1985), y su brazo político, los partidos radicales de derecha, que desde los años ochenta con su actitud de rechazo frente a la fuerte inmigración de extranjeros a Alemania encuentra cierta aceptación pública, anunció un nuevo 1968, una revolución cultural desde la derecha. Ellos propagan el final de una orientación hacia el Occidente y exigen "una nación alemana consciente de sí misma".

Con la exigencia de una "nación alemana consciente de sí misma", la nueva derecha se refiere a un abandono de los principios y de la filosofía del liberalismo político de la sociedad abierta, según el modelo europeo occidental-americano, y el retorno a la ideología de la comunidad del romanticismo político del siglo xix, así como a la unidad étnica y cultural de la nación.


Éstas son las frases que utilizó el antiliberalismo y que de una manera fatal marcaron el nacionalismo alemán desde comienzos del siglo xix. Y son los mismos antiguos escenarios los que son evocados cuando se habla de que la raza blanca descompuesta por el liberalismo es inundada por pueblos de color y de que el pueblo alemán se encuentra amenazado de extinción. El camino que estas ideas han recorrido es bien conocido: éste condujo al nacionalsocialismo y al holocausto.


Los nuevos revolucionarios de derecha intentan despertar la impresión de que su proyecto ideológico se trata de una nueva y adecuada respuesta a los desafíos históricos del presente, tal como resultaron del desplome del imperio soviético en 1990.

Antiamericanismo
Las teorías de derecha pretenden que los estados europeos sean estados nacionales con etnias y culturas independientes. Éstas son las ideas que también defiende el relativismo cultural de izquierda proveniente de la tradición anticolonialista. Por esta razón, el etnopluralismo de la nueva derecha, así como los multiculturalistas radicales de izquierda rechazan la idea universalista de una humanidad única. Para ellos, esta idea del liberalismo es un instrumento ideológico para colonizar sociedades étnicas intactas.


La crítica de la izquierda y la derecha se dirige sobre todo a Estados Unidos, la superpotencia occidental, lo que se articula en su vehemente antiamericanismo, pues ese país es considerado como el prototipo de un Estado multiétnico que destruye la identidad de los pueblos. Los radicales de izquierda están firmemente convencidos de que Estados Unidos pretende el dominio mundial y utiliza cualquier conflicto regional para acercarse a su objetivo.


El dejar fuera a Estados Unidos de la política europea y la disolución de la otan es la condición central para realizar todos los sueños tanto para los estrategas de la nueva derecha como de los radicales de izquierda: para la derecha este sueño consiste en una Europa de raza blanca, bajo el predominio alemán, y para los radicales de izquierda, en una Europa socialista.


Para los intelectuales de derecha como de izquierda la guerra de los Balcanes no tuvo durante mucho tiempo ningún significado, ya que no tocaba sus intereses. No se esforzaron ni por investigar sus causas ni tampoco por considerarla desde el punto de vista moral. Más bien esperaron ver cómo reaccionaría Estados Unidos. Si los americanos se decidieran actuar política y militarmente, entonces criticarían su intervención.Y eso fue lo que sucedió cuando la otan, dentro de los marcos de un mandato de las Naciones Unidas, detuvo con bombardeos el avance de los serbios-bosnios.

El poeta se va a la guerra
Ése fue también el caso cuando, el 26 de marzo, la otan (esta vez sin el mandato expreso de las Naciones Unidas) empezó sus ataques en Yugoslavia. La profunda antipatía contra los americanos llevó a prominentes representantes de la izquierda y la nueva derecha (Nouvelle Droit) a firmar el manifiesto "Los europeos quieren la paz". Así, la firma del ecologista Solange Fernex aparece junto al pensador de ultraderecha Alain de Benoist. En Alemania también hubo llamados públicos de los intelectuales contra la guerra, pero una coalición izquierda-derecha no ha aparecido hasta ahora y es poco probable que lo haga debido a animadversiones históricas.


Los adversarios y partidarios del ataque de la otan, que incluye la participación de Alemania, fueron los intelectuales que ya habían tomado partido: los neoconservadores en su mayoría estaban a favor; los radicales de izquierda, sin excepción, en contra.

El escritor Gunter Grass, autor de El tambor de hojalata, consideró adecuado el ataque, aunque lo criticó de tardío; mientras que el diputado federal ecologista Hans-Christian Strobele afirmaba en el parlamento: "Me averguenzo de mi país". La mayoría de los intelectuales reaccionaron primero con perplejidad y espanto, y después de la primera semana de los bombardeos y la intensificación del éxodo de los albanos del Kosovo, algunos expresaron su ambivalencia, la cual el escritor Dieter Wellershoff la formuló de la siguiente manera: "Quien actúa, se hace culpable; quien no actúa, también".

Para Peter Handke no hubo ninguna ambivalencia: aun antes de que la otan hiciera efectivas sus amenazas había declarado a una radiodifusora francesa que Serbia era el lugar en el que a él le gustaría estar cuando cayeran las bombas ahí. Para él los serbios eran el pueblo en Europa que más había sufrido en este siglo y hacía responsable de ello a la brutalidad de Estados Unidos. Cuando la acción de la otan dio inicio, devolvió el premio Georg-Buchner, así como los 60 000 pesos que incluía, renunció a pertenecer a la Iglesia católica romana y se fue en automóvil a Serbia.


Handke se comportó ciertamente como un individuo al margen de la sociedad. El hijo de una eslovena había lamentado desde hace mucho tiempo el desplome del estado de Yugoslavia, compuesto de muchos pueblos, pero no quiso darse cuenta de que los eslovenos, croatas, macedonios, albanos y bosnios querían tener la libertad que Josip Tito (1892-1980), el jefe de Estado de la República Federal Socialista de Yugoslavia, les había negado al esforzarse por mantenerlos dentro de su Estado. Handke ya se había pronunciado en contra de que a Serbia se le considerara la única responsable en los conflictos de los Balcanes, pero no quería admitir que fueron los serbios quienes se dejaron llevar por su dictador Slobodan Milosevic y quienes persiguen el ideal anacrónico de una "gran Serbia" como meta política.


Handke estaba asustado ante una situación en la que la alianza de defensa occidental fuertemente armada, la otan, se avalanzara sobre el pequeño país. Pero no quiso admitir que en Kosovo, Serbia, con armamentos superiores, arremetiera contra campesinos albanos, y asesinara y expulsara a seres indefensos de sus casas. Handke se lamenta de una sociedad de medios y de consumo que sintoniza lo mismo y que no es capaz de percibir una realidad auténtica, pero se niega a reconocer que el aparato de propaganda serbio, que junto a la agencia estatal de prensa Tanjug abarca el servicio diplomático de Yugoslavia, ofrece una visión de los hechos en el Kosovo que apenas coincide con la realidad.

Literatura comentada
La discusión intelectual de izquierda sobre una nueva orientación política y cultural después de la caída del muro de Berlín y sobre la guerra de los Balcanes tiene como terreno principalmente las revistas de cultura como Merkur o Universitas. La nueva derecha articula su programa en sus propias revistas como Junge Freiheit, Europa vorn o Nation und Europa. Además, los programas de suplementos a las noticias y los periódicos semanales y diarios ofrecen sus páginas a los intelectuales como foro. Los siguientes semanarios y diarios, que también pueden ser consultados por Internet, representan diferentes orientaciones políticas: Der Spiegel y Stern son revistas liberales, así como el periódico Die Zeit y el Süddeutsche Zeitung. De tendencia conservadora-nacional es Die Welt; conservador el Frankfurter Allgemeine Zeitung; mientras que el periódico Frankfurter Rundschau es de izquierda y el Tageszeitung puede ser catalogado como radical de izquierda.


Entre la multiplicidad de artículos de revista y de periódicos sobre el tema, mencionaremos sólo algunos de los más interesantes: Henryk M. Broder: "Die Unfähigkeit zu feiern. Über die Schwierigkeit der Intellektuellen mit der Wiedervereinigung", en Der Spiegel, 40/1995; Ulrich Greiner: "Der Seher auf dem Markt. Botho Strauss, Ernst Nolte, die FAZ und der Rechtsintellektualismus: Auf der Suche nach dem richtigen Rechten", en Die Zeit, 22/4/1994; Klaus von Beyme: "Die Wunde die Deutschland heisst, Kulturelle Identität nach der Wiedervereinigung", en Universitas, 2/1993; Claus Leggewie: "Europa begann in Sarajewo. Gegen den Skeptizismus in der europäischen Wiedervereinigung", en Das Parlament. Aus Politik und Zeitgeschichte, B42/1994, y Reinhard Mohr: "Krieg der Köpfe", en Der Spiegel, 15/1999.
Los esfuerzos de los intelectuales de izquierda por redefinir su posición después de la caída del régimen comunista en Europa oriental se encuentran en una serie de escritos, los más importantes son: Volker Wehdeking: Die deutsche Einheit und die Schriftsteller. Literarische Verarbeitung der Wende seit 1989, Stuttgart 1995; Gerd Langguth: Die Intellektuellen und die nationale Frage, Francfort 1997; Wolfgang Bialas: Vom unfreien Schweben zum freien Fall. Ostdeutsche Intellektuelle im gesellschaftlichen Umbruch, Francfort 1995; Eduard Kroker: Die Deutschen auf der Suche nach ihrer neuen Identität?, Francfort 1993.


Cómo son definidos los conceptos de "etnopluralismo" y "nación" por la izquierda y la nueva derecha es el tema de las siguientes investigaciones: Andrea Ludwig: "Neue oder Deutsche Linke? Nation und Nationalismus im Denken von Linken und Grünen", Opladen 1995; Reinhard Giesen: "Die Intellektuellen und die Nation", Francfort 1993; Herfried Münkler: "Nationenbildung. Die Nationalisierung Europas im Diskurs humanistischer Intellektueller", Berlín 1998, y por un representante de nueva derecha: Heimo Schwilk: "Die selbstbewußte Nation", Berlín 1994.
Los cuestionamientos sobre las vinculaciones con Occidente y el antiamericanismo son objeto de análisis de los siguientes textos: Richard Herzinger: Endzeit-Propheten oder Die Offensive der Antiwestler. Fundamentalismus, Antiamerikanismus und Neue Rechte, Reinbek 1995 y por un representante de la nueva derecha: Rainer Zitelmann: Westbindung. Chancen und Risiken für Deutschland, Berlín 1993.

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