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El mayor pensamiento puede prestarse, como tal, al mayor horror. El héroe goza de buena
salud. Con otros nombres, el "nazismo" persevera en
Occidente. |
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Heidegger nace en MeBkirch (Baden), Alemania, un jueves 26 de septiembre de 1889; primogénito de los esposos Friedrich y Johanna Heidegger. Su padre fue tonelero y sacristán de la parroquia católica desde 1887 (Ott 1992). Heidegger fue en vida una persona controversial, y en este fin de siglo es todavía un filósofo polémico, sobre todo en lo relacionado con el tema de su compromiso político con el nazismo. Es muy posible que en el próximo siglo todavía sigamos discutiendo su pensamiento y su comportamiento político. En este ensayo tratamos de dar algunos elementos para comprender el perfil del "nazismo" de Heidegger. Reflexionamos sobre la relación interna entre el pensamiento filosófico y la percepción política que tuvo de la situación contemporánea. Esta cuestión fue originalmente planteada por Habermas (1996) en el trabajo Heidegger: obra y cosmovisión, en la que indaga el vínculo del contexto biográfico y de la cosmovisión de la época con el pensamiento y la obra heideggerianos:
Aquí discrepamos de Habermas en lo relativo al papel
del contexto cosmovisional, la Kulturkampf del siglo xix, en
nuestra comprensión de su relación interna con
la obra de Heidegger; consideramos que este contexto cosmovisional
no es sólo la ganga de la que hay que liberar los argumentos,
es el contexto biográfico que nos permite comprender el
"nazismo" de Heidegger, en relación con su pensamiento,
lo que nos empieza a tornar comprensible su génesis. Del
mismo modo, "liberar" los argumentos de su ganga cosmovisional
es una tarea laberíntica que no se ha resuelto por la
vía hermenéutica, en lo que respecta al conjunto
de la obra de Heidegger. Por otro lado, el "nazismo"
de Heidegger le llevará a "coincidir" más
tarde con los nazis, pero también a querer ir más
lejos, a la dureza, como lo afirma en su discurso de Tubinga:
"Como combatientes de esta lucha necesitamos una generación
dura que no esté apegada a nada propio, que se configure
en el fondo del pueblo" (Heidegger, citado por Ott 1992:
257), así como a desilusionarse después de ellos
cuando Heidegger expresa que "...el pensamiento de esa gente
fue demasiado indigente..." (1998: 92). Considero, asimismo, que el replanteamiento que de esta cuestión hace Lyotard (1995), da un giro que esclarece y complementa el de Habermas. Lyotard apunta al núcleo de la temática al señalar que "hay urgencia de pensar el caso Heidegger. Existen varios estados de la urgencia, no es ella privilegio de lo político o de la política. Hay una urgencia del pensamiento [...] porque algo sucede, un acontecimiento, sin -o antes- que lo sepamos pensar" (Lyotard 1995: 55), sobre todo cuando Heidegger plantea en la lección sobre Lógica del semestre de verano de 1934 las siguientes aseveraciones: "Si retomamos la pregunta por la esencia de la historia se plantea la objección de que nuestra afirmación, 'la historia es lo que caracteriza al hombre', es una afirmación arbitraria. También los negros son seres humanos, pero ellos carecen de historia" (1991: 39); de la suposición de que los negros carecen de historia, es fácil concluir que no son seres humanos. Este tipo de suposiciones son un ejemplo de la ceguera racista que lleva a Heidegger a excluirlos de la categoría de ser humano, para constituir una base filosófica para su antisemitismo, así como a una valoración irracionalista de la ciencia y la verdad:
Si bien coincidimos con Lyotard en que el pensamiento heideggeriano
es notable por la relectura persistente, insistente, de su contexto
(1995: 60), observamos en él un bloqueo axiológico,
que llega a constituirse en un límite axiológico
para el pensar meditativo heideggeriano, concebido como "...un
pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto
es" (Heidegger 1994c: 18). Un síntoma de este bloqueo
axiológico es "...aquello por lo que algo que accede
al pensamiento no puede ser pensado y por eso no hace más
que retornar, reaparecer" (Lyotard 1995: 59). Aquí
Lyotard alude al silencio del pensamiento de Heidegger: el exterminio.
Pero consideramos que este bloqueo axiológico implica,
y puede extenderse a otras zonas de su pensar sobre el contexto,
como podrían interpretarse en un momento dado la suposición
y el argumento señalados. Por otro lado, Heidegger, al ingresar al Partido Nacionalsocialista, el 1 de mayo de 1933, día de la fiesta nacional del trabajo, apunta Hugo Ott (1992), el más sobresaliente de sus biógrafos, pone en escena toda una representación dramática, mediante su carta del 9 de mayo de 1933 al delegado de universidades de Ministerio de Cultura de Karlsruhe:
Ott (1992), en un análisis sobre el discurso que el führer-rector Heidegger dirigió a los estudiantes de Friburgo en el semestre de invierno de 1933-1934, utiliza irónicamente una metáfora usada ya por el mismo Heidegger, en otro contexto (en una carta a Stenzel de fines de 1929), y se pregunta: "¿Acaso para Heidegger, que con el martillo de su pensamiento y la esencialidad de su cuestionamiento había quebrado la capa más frágil de la roca y había llegado a la dura piedra primitiva, el secreto artesano, el Führer Adolf Hitler, era un nuevo martillo que se le había regalado para encontrar el camino que conducía a los filones del ser?" (1992: 178). Asimismo, Ott (1992) devela en este discurso la integración de la concepción filosófica heideggeriana sobre la esencia de la verdad:
Ott asevera que en este discurso Heidegger hace gala de su
capacidad de condensación y concentración, y que
en él podremos ver que "las reglas de vuestro ser
no deben ser dogmas", es decir, dogmas teológicos,
"ni ideas", en el sentido de la doctrina platónica
de las ideas, y de la tradición filosófica y teológica
occidental. "Si los estudiantes insistieran en seguir esas
construcciones aparentes, perderían la esencia del 'develamiento'.
O lo que es más, 'el propio Führer y sólo
él es la realidad alemana presente y futura y su ley'.
Ese verbo 'es', aparece destacado en cursiva [...] encierra dentro
de sí el enunciado del ser [...] Se trata de la entrada
del ser dentro del claro, dentro de la verdad" (Ott I992:
178). Jean François Lyotard destaca que se admite que Heidegger
estuvo comprometido con el nazismo de manera deliberada, profunda
y persistente: "Escuchamos este compromiso en los textos
que firma, en los que pronuncia sin firmar, pero que se nos presentan
con una plausibilidad convincente, los textos políticos
pero también filosóficos (como el discurso del
rectorado). Lo escuchamos en los silencios de esos textos, y
en sus márgenes, y sobre todo [...] en el silencio sobre
el exterminio, observado hasta el final, frase más frase
menos" (1995: 56). Lyotard refiere que la única frase
escrita por Heidegger, en 1949, acerca del exterminio es la siguiente:
"La agricultura es ahora una industria alimentaria motorizada,
en cuanto a su esencia, lo mismo que la fabricación de
cadáveres en las cámaras de gas y los campos de
exterminio, lo mismo que la fabricación de bombas de hidrógeno"
, frase que Lyotard califica de absolutamente justa, porque sitúa
Auschwitz en su verdadera escena: la técnica (1995: 82). Habermas (1989), al reflexionar sobre la cuestión del desarrollo del pensamiento de Heidegger, sostiene que éste absorbió la cosmovisión de su época hasta en sus medios retóricos de expresión, y que efectúa un obsceno reajuste semántico, que aparece en un texto "político" publicado el 10 de noviembre de 1933 en una revista estudiantil de Friburgo. Mediante este reajuste semántico, asevera Habermas, Heidegger llena de un nuevo contenido y sentido los conceptos básicos de su ontología fundamental, sin tocarlos en su estructura. El término Dasein, utilizado en Ser y tiempo, para referirse al individuo existencialmente aislado, es sustituido por el Dasein colectivo del pueblo "nuestro-en-cada-caso" que en su existir ha de saber afrontar, y de hacerse con, su destino:
Al tematizar el "nazismo" de Heidegger, Lyotard (1995) sostiene que "...él va, se lanza mucho más allá y más acá. La medida de su transporte, de su trance, no puede medirse con la vara de esta política (la de nazis como Rosenberg, Krieck o Goebbels) [...]. El caso Heidegger es mucho más grave. El nudo de su 'política' excede evidentemente a los de la nsdap y de la sa. La 'dureza' que aquélla exige no responde a una opinión, o a un temperamento, una preferencia coyunturales, sino a lo que él piensa, entonces, en lo más 'profundo', y que escribió en 1927 [Ser y tiempo]" (1995: 65). La "política" heideggeriana, según Lyotard, "...efectúa, 'actúa', un pensamiento que, tal como está escrito en Ser y tiempo, la permite, sin necesitarla en absoluto" (1995: 66). Al respecto, Lyotard indica una dirección para el desarrollo de un argumento, que considera que debería ser
De ahí que estemos de acuerdo con la afirmación de Lyotard (1995) de que "es necesario [...] distinguir aquello que es político en el pensamiento, aquello que el pensamiento se agrega a sí mismo para hacer política, porque carece de ella, de aquello que el pensamiento omite, olvida, por el hecho mismo de que permite esta política" (1995: 66-67). Sin embargo, es difícil establecer con claridad esta distinción entre textos "filosóficos" y "políticos" de Heidegger; como apunta Lyotard, "digamos prudentemente que es imposible no oír en estos textos algo de la resonancia del timbre de lo escrito en Ser y tiempo" (1995: 67). Al respecto, Bourdieu plantea una estrategia de lectura de la obra de Heidegger que consideramos más adecuada, ya que "las características y los efectos más específicos de su pensamiento encuentran su principio en esta dualidad de referencia, y la comprensión apropiada supone operar de manera consciente y metódica la doble puesta en relación que la ontología política de Heidegger prácticamente opera, en calidad de toma de posición política que se enuncia sólo filosóficamente" (1991: 17). No obstante, para Lyotard lo paradójico y hasta escandaloso es cómo pudo el pensamiento de Heidegger, el "guardián de la memoria del olvido", el mismo que argumentara que "entre tanto, el olvido no sólo invade, como aparentemente separado de él, la esencia del Ser. Pertenece a la cosa del Ser mismo. Impera como destino de su esencia" (Heidegger 1994a: 114), ignorar y olvidar "...el pensamiento de 'los judíos' [...] hasta el punto de que calla el final, que niega la tentativa horripilante (e inane) de exterminar, de hacer olvidar, para siempre lo que en Europa recuerda, desde el comienzo, que 'haya olvidado'" (1995: 18). El olvido del guardián de la memoria pertenece y retorna a (al ser) él como sino; como bloqueo axiológico en el camino de su pensar; aunque paradójicamente el mismo Heidegger planteara en un análisis sobre la relación entre el pensar y el ser que "el pensar está presente por causa del despliegue que permanece no dicho. El estar presente del pensar está de camino al pliegue de ser y ente. Tomar-en-consideración es hacer estar presente al pliegue..." (Heidegger 1994b: 211). Conclusiones Referencias bibliográficas |
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