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El presente artículo es una aproximación
a algunos resultados parciales de una investigación internacional
en la que participan países latinoamericanos y europeos.
Pretende analizar la relación entre ciudad y forma urbana,
los procesos de cohesión social e identificación
categorial implícitos en la construcción de la
identidad y su relación como facilitadores o dificultadores
de la adopción de los valores y comportamientos necesarios
para un desarrollo sostenible. La expectativa es obtener orientaciones
para una gestión más eficiente del camino hacia
la sostenibilidad.
Qué es la red ciudad-identidad-sostenibilidad
La Red ciudad-identidad-sostenibilidad comenzó actividades
en enero de 1996. El núcleo de investigación de
Barcelona propuso realizar una misma investigación en
varios países, para validar las hipótesis iniciales
en distintos contextos, con intercambio de discusiones, información
y datos a través de internet.
Los cuatro núcleos iniciales pronto se incrementaron de
forma notable, hasta llegar a catorce.
Las dificultades que entraña una investigación
con estas características, a pesar de la voluntad para
realizarla, limitó a siete los grupos que consiguieron
finalizar la primera etapa de la investigación. Están
encabezados por Pol, Moreno, Guardia e Íñiguez,
en Viladecans (Barcelona); Valera y Guardia en Villa Olímpica
(Barcelona); Jiménez y López, en Guadalajara (México);
Aguilar, en México, D. F.; Correa, en Puerto Rico; Wiesenfeld
y Giuliani, en Caracas, y Uzzell, en Surrey (Inglaterra), con
participación en las discusiones y estudios paralelos
del grupo de París, con Moser.
Luego, para contrastar algunos de los resultados aparecidos en
esta primera etapa, otros núcleos potenciales de investigación
fueron invitados a sumarse a la experiencia.
La forma de trabajo consiste en discutir vía internet
la propuesta inicial del proyecto, tanto en sus dimensiones de
teoría, objetivos, procedimientos, como de intercambio
de resultados. Además, se han realizado cuatro reuniones
parciales: en el Quinto Congreso de Psicología Ambiental
del Estado Español, en Barcelona (noviembre de 1996);
en la vigésimo cuarta conferencia de la iaap, en San Francisco
(agosto de 1998), donde fue celebrado un simposio sobre el tema;
en junio de 1999, en Barcelona y otro simposio en julio del 2000
durante el décimo sexto congreso de la iaps, que adoptó
un lema similar al de la red: "Metrópolis: ciudad,
vida social y sostenibilidad".
Justificación
e hipótesis iniciales
El problema
Las actuales formas y estructuras urbanas, así como el
tipo de relaciones sociales que las permiten, condicionan o favorecen,
no posibilitan la adopción de los valores y comportamientos
necesarios para avanzar hacia un desarrollo sostenible. En este
contexto, informar a los ciudadanos (estrategia de gestión
de la sostenibilidad más habitual) no es suficiente. Habrá
que actuar de manera directa en los modos de relación
y organización social, e indirecta en las formas y estructuras
urbanísticas. Será preciso adoptar unas estrategias
de gestión del cambio urbanístico respetuosas con
los grupos sociales consolidados, independientemente de su nivel
de riqueza.
Sostenibilidad requiere solidaridad
La no vertebración, el desarraigo social y la creciente
complejidad urbana, posibilitan el predominio de lo que Castells
(1987) llama "estrategias individuales de supervivencia",
por encima de los principios de solidaridad intra e intergeneracional
implícitos en el concepto de sostenibilidad definido en
el informe Brudtland (1987) y otros posteriores.
Esto lleva a adoptar, entre otras actitudes, patrones individuales
y sociales de comportamiento que no consideran los efectos ambientales
a corto y a largo plazo, con lo cual se dificultan las posibilidades
de un desarrollo sostenible.
Entendemos por vertebración social la existencia de una
red de relaciones sociales formales e informales que conforman
la identidad colectiva y actúan como soporte espontáneo
entre personas y colectivos, confiriéndoles sentido de
comunidad (en la concepción de Sarason, 1974; García,
Giuliani y Wiesenfeld, 1994).
La carencia de vertebración social puede ocasionarla el
rompimiento de las redes previas, a causa de las modificaciones
urbanísticas, reubicaciones de población o a las
variaciones en el ritmo de la vida social por cambios estructurales
(modos de producción, dimensión de la ciudad, etcétera).
O bien, porque se trata de tejidos sociales en formación
en asentamientos humanos nuevos (planificados o espontáneos),
que no han tenido el tiempo suficiente para que surjan dichas
redes.
En la sociedad actual se dan más fuerzas que tienden a
la individualización que a la vertebración social
y ello es, por lo menos, un freno a las posibilidades de avanzar
hacia un desarrollo sostenible.
Solidaridad, apropiación e
identidad
En la medida que exista una fuerte identidad social (en el sentido
de Tajfel, 1981; Turner, 1987; Breakwell, 1986, y Twigger-Ross
y Uzzell, 1996) en una comunidad, el horizonte de la sostenibilidad
es potencialmente más viable. La identidad social comprende
tanto una red consolidada de interacciones sociales de soporte
informal, como un elevado nivel de identidad de lugar (Proshansky,
Fabián y Kaminoff, 1983).
Así, el lugar actúa como elemento aglutinante de
la colectividad, y como símbolo de su permanencia en el
tiempo. El espacio se constituye en un referente de significado
y se convierte en lugar a través de los mecanismos de
apropiación (Korosec, 1976) con sus componentes de acción-transformación/significación-identificación
(Pol, 1996) que actúan de manera individual y colectiva.
Los lugares con una fuerte identidad ayudan a aglomerar a la
colectividad y a mantener su identidad social. En este sentido,
la vertebración y la cohesión social crean identidad
de lugar, y a su vez, los lugares con identidad facilitan la
integración social.
Es reconocido el valor del concepto de identidad de lugar, de
Proshansky, Fabián y Kaminoff (1983), pero por su carácter
individual resulta necesario considerar los aspectos de construcción
social del espacio por parte de los grupos y colectivos ubicados
en el entorno urbano, como han afirmado Lalli (1988, 1992), Hunter
(1987) y Valera (1993).
Ello supone considerar los procesos de identidad social en términos
más amplios, al tener en cuenta las dimensiones histórica,
socioespacial, psicosocial, cultural, ideológica y el
imaginario social, que configuran lo que viene a ser la identidad
social urbana (Valera y Pol, 1994).
Dos modelos de explicación
de la construcción de la identidad social
En 1987 Turner planteó que existen dos modelos explicativos
en los procesos de construcción de la identidad social,
lo que llamó "modelo tradicional" al que propone,
que denominaremos modelo de la identificación.
El modelo tradicional explica el surgimiento de la identidad
a partir de la cohesión social y engloba las propuestas
de Sherif, Asch, Lewin, Festinger y Schachter, entre otros.
El modelo de la "identificación" mantiene que
la identidad social se forja a través de procesos de comparación
social e identificación categorial, de identificación
social positiva o de categorización del yo (Turner, 1987).
En las teorías tradicionales (modelo de cohesión)
existe una relación jerárquica entre cohesión
e identidad, secuencia a la cual, en nuestra proposición,
añadimos la sostenibilidad. La relación se establece
en el sentido de que si no hay cohesión social, no habrá
identidad colectiva suficiente. Al no existir identidad colectiva,
dominará la propensión al individualismo y la falta
de solidaridad, lo que dificulta en última instancia la
conducta ecológica responsable, o sea, la sostenibilidad.
Las teorías que fundamentan la conformación de
la identidad social en la identificación con el grupo,
como postula Turner (modelo de identidad), establecen una relación
secuencial identificación-identidad.
La identidad social está marcada por la identificación
con el grupo y por los significados valorativos y emocionales
asociados a él. Lo anterior implica una acentuación
perceptiva de las semejanzas entre ellos y las diferencias con
los demás, lo que propicia la adopción de los patrones
de comportamiento del grupo con el que la persona se identifica.
A esta secuencia, nuestro modelo propuesto añade que es
sobre la base de tal identificación que la sostenibilidad
puede introducirse en el ámbito del comportamiento, si
pasa a constituirse en un valor positivo del grupo.
Estructura urbana, procesos sociales
y sostenibilidad
Plantear un desarrollo urbano sostenible, supone unas características
estructurales en la forma de organizar el espacio y las relaciones
sociales en la ciudad (cccb, 1998), además de considerar
los fenómenos de identidad social y simbólica que
se dan en dicho marco. En este sentido, será relevante
analizar el papel que juegan la estructura y las formas urbanas
en la construcción de la identidad social.
La interrelación de ambiente y desarrollo, pues, debe
tener en cuenta tanto los aspectos objetivos (entorno físico,
recursos naturales), como los subjetivos (percepción y
valoraciones personales de los recursos), y los mecanismos de
comparación social (grupos de referencia, expectativas,
estilos de vida...)
Estos mecanismos de comparación son fruto del modelo de
calidad de vida vigente, cuyas dimensiones temporal y espacial
deben ser tomadas en cuenta. De esta forma, cada entorno urbano
adoptará el concepto de desarrollo sostenible adecuado
a la realidad específica del contexto.
Objetivos
Como objetivo general, se pretende valorar si las colectividades
socialmente vertebradas y cohesionadas, con una identidad social
y una identidad de lugar definida, presentan en potencial mayores
posibilidades de adoptar valores, hábitos y comportamientos
más sustentables que las no vertebradas y desarraigadas.
Para ello nos hemos propuesto los siguientes objetivos específicos:
1) Valorar si los lugares con una fuerte identidad, a su vez
presentan un tejido social más consolidado (más
vertebrado). Ello requerirá analizar los procesos de construcción
de la identidad social a partir de los dos modelos teóricos
expuestos, como extrapolación de la formulación
de Turner (1987): el de cohesión y el de identificación.
Habrá que ver en qué casos y en qué circunstancias
predomina uno u otro.
2) Analizar el surgimiento de identidades (sociales y de lugar)
en asentamientos de nueva creación, a partir de dos situaciones
distintas de arranque:
·Asentamientos planificados y diseñados con una
intencionalidad preconcebida (lo que supone el establecimiento
de un simbolismo a priori (Pol, 1997).
· Asentamientos de desarrollo progresivo y espontáneo
(implican la creación progresiva de un valor simbólico
por consenso, lo que llamamos simbolismo a posteriori).
3) Evaluar la percepción y valoración subjetiva
de los recursos de la unidad urbana (agua, aire, energía,
residuos, transporte, estructura urbana) y el grado de responsabilidad
ciudadana respecto a los mismos.
Para una segunda fase proponemos continuar la investigación
en lo referente al componente comportamental: hábitos,
conductas y costumbres medioambientales que faciliten un modelo
de desarrollo sostenible del núcleo urbano.
Algunos resultados de estudios locales
En la Red ciudad, identidad y sostenibilidad se trata de establecer
la base empírica a la relación entre estos tres
componentes.
En estos momentos son varios los núcleos con un avanzado
proceso de estudio. Comentaremos de forma breve algunos resultados
de cuatro de los ya prácticamente concluidos. Se trata
de dos estudios realizados en el área de Barcelona, uno
en Caracas y otro en Guilford.
El primero está centrado sobre una población periférica
típicamente obrera industrial, con un pasado agrícola
y con indicios de un futuro residencial. Se caracteriza por tener
una variedad sociocultural y económica notable, con un
urbanismo anodino (algunas de las nuevas áreas residenciales
de clases medias contrastan por tener una estructura urbanística
con cierto potencial).
En conjunto es posible afirmar que posee bajos niveles de apropiación
y de identidad social como ciudad, aunque sí como barrio,
en parte gracias a las luchas urbanas para conseguir mejoras
urbanísticas, sociales y de servicios.
Tiene pocos espacios simbólicos ampliamente compartidos.
Asume la tipología que hemos llamado "a posteriori",
aunque algunas de las nuevas zonas residenciales han tenido intervenciones
intencionales, es decir, lo que llamamos simbolismo "a priori".
En algunas fases del estudio se trabajó con una muestra
(n= 922) referida a la totalidad de la población. Los
análisis pormenorizados que referiremos, corresponden
a tres zonas representativas de las tipologías que se
propusieron para el proyecto inicial del estudio: zona A (n=
103), humilde, poco vertebrada social y urbanísticamente;
zona B (n= 158), que corresponde al centro antiguo y puede considerarse
de clases medias, estándar, pero anodina; zona C (n= 100),
de reciente construcción, con clases medias metropolitanas,
en lo urbanístico bien estructurada (Pol, Moreno, Guardia,
Íñiguez, López y otros, 1997).
El segundo estudio (n= 295) está centrado en la Villa
Olímpica de Barcelona (Valera, Guardia y otros, 1997).
Como su nombre indica, se trata de un barrio de nueva creación,
edificado para las olimpiadas del 1992.
Concentra una población de orígenes
distintos, sobre la que pesa más la homogeneidad de clases
medias altas, su hábitat actual y proyección de
futuro, que su historia personal diversa. Su estructura urbanística,
ubicación estratégica en la ciudad, y corta pero
intensa historia, le confiere un fuerte valor simbólico
preestablecido, es decir, lo que llamamos simbolismo "a
priori" (Pol, 1997).
El tercer estudio referido es el realizado por Wiesenfeld y Giuliani
(1998) en dos asentamientos suburbiales de Caracas.
Prados de la Encrucijada fue construido unos cuatro años
antes de la recopilación de datos. Planificado y hecho
realidad con directrices de planeamiento urbano, tiene los servicios
básicos, pero el transporte público y el teléfono
son deficicientes. Su nivel socioeconómico puede considerarse
de clases medias bajas.
El segundo asentamiento, Pan de Azúcar, aparece hace treinta
años como una "ocupación" de territorio,
con casas autoconstruidas, un pobre desarrollo urbanístico
y de un nivel social humilde. Posee algunos servicios básicos,
como agua, electricidad transporte y teléfono, los que
resultan deficientes. La muestra fue de n= 100 + 100.
El cuarto estudio (n = 180) fue realizado con base en dos submuestras
en los barrios de Onslow Village y Stoughton, de Guilford, Surrey,
Inglaterra.
Stoughton es un suburbio interno de la ciudad, con la densidad
de población más alta de la misma (48 habitantes
por hectárea) y una larga historia. No tiene un centro
bien definido, aunque sí un par de lugares representativos.
No hay vida asociativa ni comunitaria que le confiera identidad
ni cohesión. Sus límites son difusos.
Onslow Village tiene la misma antigüedad que Stoughton,
pero con una dinámica histórica distinta. Su densidad
es más baja (16 habitantes por hectárea) y posee
la estructura típica de una ciudad jardín residencial.
Ambos medios cuentan con niveles educativos similares, pero Onslow
registra ingresos económicos más altos.
Tiene una asociación de vecinos
fuerte, límites definidos, un sentido de identidad de
lugar más desarrollado, del que son conscientes sus habitantes
y advierten desde el exterior las personas ajenas al mismo (Uzzell
y Badenes, 1998).
En esta síntesis nos limitaremos a una breve lectura conjunta
de algunos resultados, a partir del ajuste a un modelo estructural
de covariación hecho sobre los datos recogidos con estrategias
e instrumentos comunes (figura 1).
El modelo propuesto consta de cinco componentes: identificación,
cohesión, identidad, satisfacción y sostenibilidad.
Pretende ser un modelo integrador en el cual las relaciones propuestas
recogen lo que Turner (1987) llama teorías "tradicionales"
o de cohesión y el modelo que el autor propone, como "identificación
categorial", tal como lo hemos expuesto.
A nivel de análisis y medida de ajuste en situaciones
diversas (véase tabla 1), el modelo general se ha desglosado
en dos modelos específicos que explicitan las relaciones
entre factores hipotetizados según lo que hemos llamado
modelo de "identificación" y "modelo de
cohesión" (figuras 2 y 3).

Tabla 1: Valores de ajuste de los modelos de estructura de covarianza
en cada una de las muestras
El componente satisfacción, presente
explícita o implícitamente en todas las revisiones
de literatura efectuadas, se introduce como un factor que afecta
la conducta respetuosa hacia el medio ambiente.
En el análisis se controla la calidad del entorno urbano
como una categoría de identificación positiva del
grupo, capaz de facilitar el surgimiento de identidad social.
Así, en el primer estudio (Viladecans, Barcelona) se analiza
el comportamiento de tres barrios de la misma población
con características urbanísticas diferenciadas
(zona A: poco vertebrada social y urbanísticamente; zona
B: estándar, pero anodina; zona C: en lo urbanístico
bien estructurada).
La contrastación con el estudio 2 (Villa Olímpica
de Barcelona, n=280), pretende establecer si en realidad se comporta
en la misma dirección que la zona C. La contrastación
con el estudio 3 (áreas de Caracas), permite analizar
si actúa como la zona A.
El estudio 4 (áreas de Guilford,
Surrey, Inglaterra) aporta dos emplazamientos (considerados en
conjunto en este análisis) con población antigua,
con dinámicas sociales y características urbanísticas
diversas entre sí, pero estructuradas (ver tabla 1).
Los resultados obtenidos muestran que el modelo estructural parece
establecer la relación entre identidad y sostenibilidad
(ajuste BBNFI=0,6093).1
La satisfacción, factor previsto en el estudio-1, se confirma
como incidental en la identidad en todos los casos (F= 2.18,
SE= 0.96) y, por tanto, un condicionante previo de querer fomentar
el desarrollo de comportamientos ecológicos en la comunidad.
Los análisis de detalle para valorar la incidencia de
la tipología y la calidad urbanística, entre las
zonas seleccionadas, permiten concluir que en situaciones urbanísticas
y sociales "normales" o estándar (zona B, Viladecans)
y en situaciones deficitarias (zona A, Viladecans y Caracas),
cuando emerge identidad social, tiene mayor peso la cohesión
social que la identificación.
De ello, junto con el modelo general, se desprende que en situaciones
sociales y urbanísticas 'normales' o deficitarias, de
pretender fomentar la sostenibilidad, se debe potenciar la identidad
colectiva a partir de acciones que incrementen la cohesión
social.
Al contrario, estos resultados permiten pensar que un entorno
estructurado y potente, cohesionado con el grupo social (zona
C, Viladecans, Villa Olímpica y Guilford), facilita el
surgimiento de la identidad social a través de los procesos
de identificación, quedando la cohesión en un segundo
plano, siempre que la connotación positiva del lugar tenga
una función aglutinadora. De ello es fácil desprender
que fomentar la identificación con el grupo o comunidad,
aporta un factor aglutinador por conducto de la estructura, la
calidad o el valor simbólico del espacio, a la vez que
facilita el surgimiento de identidad social y el "anclaje"
social de la sostenibilidad.
La submuestra de Onslow Village (Guilford), advierte, además,
que la existencia de una fuerte identificación no comporta
prácticas más sostenibles a nivel individual, sino
al contrario. En este caso, la identidad social por identificación
no conlleva necesariamente una mayor cohesión social.
Aparece lo que podríamos llamar una identidad "social
individualista", como categoría social compartida
(cada uno en su casa, reforzado por la estructura urbanística
de casas aisladas separadas por grandes jardines). Ello parece
consolidar la idea de la necesidad de fomentar en grupo representaciones
sociales de la sostenibilidad, o sea, enfatizar la dimensión
social de la sostenibilidad.
En cualquier caso, sin considerar estos resultados como conclusivos,
parece razonable pensar que la identidad juega un papel importante
en la consecución de la sostenibilidad y ello nos estimula
a buscar modelos que permitan profundizar más en esta
línea de investigación.
Algunas
orientaciones y aplicaciones para la gestión
De lo dicho, con la conciencia de la parcialidad que imponen
las dificultades para ser exhaustivos, podemos adelantar algunas
conclusiones aplicables a la gestión de la cuestión
ambiental.
Una conclusión, con efectos en la intervención
y la gestión, es la insuficiencia del modelo informacional
como supuesto básico de cambio de actitud y comportamiento
para conseguir una sociedad más sostenible. Si bien la
información es necesaria, no resulta suficiente para conseguir
el objetivo propuesto.
Si asumimos que una sociedad socialmente vertebrada adoptará
o será más proclive a adoptar los patrones
de comportamiento y los valores de la sostenibilidad (al contrario
de una sociedad invertebrada), la gestión deberá
emprender acciones que faciliten la vertebración social,
sin limitarse a informar sobre los problemas y los riesgos ambientales.
Si la vertebración requiere identidad social, y esta puede
venir por cohesión o por identificación con el
grupo social, en la que la estructura urbanística juega
un papel determinante, será preciso conocer los procesos
de cada colectividad específica para conseguir establecer
las estrategias más idóneas en cada situación.
Si como hemos visto, hay indicios teóricos y empíricos
para afirmar que en situaciones comunes y en otras adversas,
de supervivencia, en el surgimiento de la identidad social prima
la cohesión social, la gestión deberá orientarse
en primer lugar a facilitar esta cohesión, para luego
favorecer la sostenibilidad.
En situaciones de mayor bienestar no tanto de riqueza como
de equilibrio parece descollar la identificación
con el grupo, y en ella la estructura física, la apropiación
y el valor simbólico del espacio juegan un papel referencial
y categorial importante.
En los prototipos sociales de las sociedades industriales y posindustriales,
la identificación parece anteceder, aunque no sustituir,
a la cohesión. La actuación sobre los niveles y
cualidades de urbanización, no tanto desde una óptica
funcional como simbólica, puede facilitar el surgimiento
de identidades sociales, para facilitar la sostenibilidad. Aquí
las formas urbanas pueden ser clave para orientar esta identidad
por identificación hacia el individualismo o la cohesión
social.
La satisfacción incide en la identidad y sostenibilidad.
En la misma influyen las oportunidades de acción-transformación
(en otros términos: implicación, participación,
o "placer de ser causa" en términos piagetianos),
según hemos definido en los trabajos sobre apropiación
del espacio.
Adecuar, corregir o transformar las estructuras sociales, las
prácticas o los estilos de gestión que resultan
inhibidores de la participación y la implicación
ciudadana, resultará fundamental para la sostenibilidad.
Esto tiene una dimensión política que en muchas
situaciones los hace inviables por las contradicciones de intereses,
situaciones de las que hay que ser conscientes.
Valorar la armonía, la congruencia o la incongruencia
con el colectivo afectado en la planificación de una intervención
que pretende cambiar la forma, los usos y los significados de
un lugar (simbolismo "a priori"), si se quiere profundizar
y consolidar la comunidad afectada o provocar su cambio a través
de la intervención (urbana, industrial de servicios, etcétera),
pasa a constituirse en una decisión previa a todo ejercicio
de planificación o a toda intervención.
Lo anterior adquiere especial relevancia si consideramos que
el cambio social es más lento y traumático que
el urbanístico o de usos del territorio, y si tomamos
en cuenta el papel clave de la vertebración social en
el bienestar y la sostenibilidad.
Del mismo modo que se declaran espacios naturales protegidos
o estudia si existen elementos arquitectónicos con valor
patrimonial dignos de preservar, se debería estudiar previamente
toda intervención sobre los colectivos sociales preexistentes
y cómo pueden ser afectados. De hecho, este aspecto está
explícito (aunque tímidamente) en la legislación,
igual que lo referente a evaluación de impactos ambientales
(véase Moreno y Pol, 1999). No sucede lo mismo con las
acciones urbanísticas.
Los efectos insostenibles pueden proceder tanto de los impactos
ecológicos de una intervención, como de los derivados
del rompimiento del tejido social.
Esperamos que los trabajos de la red cis aporten resultados más
concluyentes, tanto en la vertiente teórica de explicación
de los procesos implicados en la construcción de la identidad
social y el papel explícito de las características
del entorno físico en este proceso, como en la vertiente
aplicada al establecimiento de estrategias eficientes para la
gestión orientada a la sostenibilidad.
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