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Más que un método o una disciplina, la prospectiva
es una actitud, es decir, el adjetivo debe preceder al sustantivo.
El sentido del término "prospectiva" es evidente
y está formado de la misma manera que el de "retrospectiva";
ambos se oponen en la medida en que el primero expresa que miramos
hacia delante y no hacia atrás. Un estudio retrospectivo
se dirige hacia el pasado y el prospectivo hacia el futuro.
Estos dos adjetivos no son perfectamente simétricos
en cuanto a su significado, pero sí en su forma, porque
tendemos de manera habitual a representarnos el tiempo como una
línea en la que el pasado y el futuro corresponden a las
dos direcciones posibles. En realidad, el ayer y el mañana
son heterogéneos. En cuanto al primero, sólo podemos
visualizarlo porque ya no hay nada que podamos hacer, mientras
que el mañana significa proyectos cuyas posibilidades
están abiertas. Pasar de la retrospectiva a la prospectiva
no implica sólo reorientar la atención; requiere
una preparación para la acción. Podemos ser prospectivos
desde la historia... y recíprocamente, no todo pensamiento
futuro es prospectivo: se puede soñar en el año
2000 de la misma manera que en el Egipto de Ramsés ll.
Cuando reflexionamos sobre la importancia que tiene para los
hombres el porvenir y lo que les depara el futuro a sus hijos,
no podemos dejar de sorprendernos al observar el escaso lugar
que ocupan los temas del futuro y el pasado en el interés
de los filósofos y los escritores. Hay un sinnúmero
de páginas en las que estos términos no aparecen
y cuando figuran en algún texto no lo hacen como conceptos
centrales de la discusión. Posiblemente, hacía
falta que el hombre desarrollara su poder tal y como lo ha hecho
hasta ahora para entender que el futuro no es un misterio absoluto,
ni una fatalidad inexorable. Bergson había comprendido
bien que el incremento de nuestro poder sobre la naturaleza es
susceptible de modificar nuestra concepción del tiempo.
Ante el planteamiento que le hicimos sobre la conveniencia de
distinguir entre una mística de la duración y una
de la eternidad, él respondió que la distinción
es en efecto relevante, pero que se reduce "en la medida
en que tiende a aumentar nuestro poder sobre la materia".
Horizontes lejanos
La característica principal de la actitud prospectiva
consiste sin duda en la intensidad con la cual nuestra atención
es atraída por el futuro. Podemos estar tentados a creer
que lo que hay en él es por completo obvio, pero nada
es menos cierto. Como lo dijo Paul Valéry, "entramos
en el futuro retrocediendo", porque el mañana prolonga
el hoy, tendemos a creer que será igual. El estudio del
futuro no ha comenzado de manera sistemática. Sin embargo,
ciertas firmas reconocidas han abierto, desde hace algunos años
y al margen de sus servicios de previsión, "los departamentos
del futuro" u "oficinas de hipótesis" dedicadas
a la elaboración racional de los posibles rumbos que podría
tomar el mundo en el mañana. El cambio como tal comienza
a atraer la atención. De manera un poco incierta y con
las imprecisiones del vocabulario que son inevitables en toda
nueva investigación, Ronald Lippitt, Jeanne Watson y Bruce
Westley estudian "la dinámica del cambio" cuando
éste es buscado y preparado por el hombre. Fuertemente
influenciados por las ideas de Kurt Lewin, ofrecen algunos elementos
relevantes que serán valiosas para construir una teoría
general del cambio, cuya necesidad se ha dejado sentir.
La actitud prospectiva no sólo nos orienta al futuro;
hay que agregar que nos hace ver también a lo lejos, a
una época en la que las causas producen sus efectos a
una velocidad creciente; por lo tanto, no es posible considerar
simplemente los resultados inmediatos de lo que está ocurriendo.
Nuestra civilización es comparable a un carro que corre
cada vez a mayor velocidad sobre una ruta desconocida al anochecer.
Se necesita que las luces puedan ver cada vez más lejos
para evitar la catástrofe. La prospectiva es, por lo tanto,
en esencia el estudio del futuro lejano.
La experiencia nos ha mostrado que el intento no es ocioso
y que los resultados no carecen de interés. Un industrial
atraído por algunas de nuestras ideas reunió un
día a los seis directores de sus diferentes servicios
y les solicitó la elaboración de un reporte sobre
lo que podría ocurrir en cada una de sus áreas
dentro de los próximos veinticinco años. Al inicio
se sorprendieron de tener que hacer un trabajo tan curioso; después
se mostraron reticentes y escépticos. Para no contrariar
al patrón accedieron a realizarlo y prepararon los reportes.
Algunos de ellos resultaron de gran valor. Lo más destacable
es que los informes resultaron tanto convincentes como originales.
Lo que decían era evidente y nuevo a la vez, simplemente
no lo habían pensado: en el futuro como en el presente
hay más cosas que "ver" de lo que suponemos;
entonces lo que falta es que queramos verlas...
No hay que suponer que la prospectiva no puede proporcionar
más que afirmaciones débiles. Como no busca predecir
y no se interesa en los eventos, sino en las situaciones, no
tiene la necesidad de proporcionar fechas y si lo hace es con
cierta aproximación. De este modo, provee de un grado
elevado de certidumbre. De hecho, las previsiones tienen más
probabilidades de ser exactas cuando se hacen sobre un periodo
largo que sobre uno corto.
La previsión económica, apunta François
Bloch-Lainé, en virtud de que está en sus inicios
y por su baja confiabilidad, es requerida en general para cuestiones
que resultan más riesgosas, éstas son las de coyuntura
a corto plazo. Para el economista, en efecto, nada es más
difícil que tener que pronosticar la evolución
del mercado bursátil, así como ver la fluctuación
de precios y la tesorería pública [...] Los pocos
investigadores en economía política cuyos intereses
coinciden con los de los hombres de negocios son puestos
a prueba en áreas en las que difícilmente son competentes.
De esta dificultad para pronosticar provienen las decepciones
que los separa después de intentar una aproximación.
La prospectiva ayudaría más para lograr este acercamiento.
En muchos casos se puede indicar con mayor certeza una tendencia
general más que la fecha o la intensidad de un evento
en particular. Si decimos, por ejemplo, que en Francia hay una
tendencia hacia la disminución de las horas de trabajo,
o todavía más, que las necesidades asociadas al
tiempo libre van a incrementarse en el mundo, estamos enunciando
juicios de un interés nada despreciable y en los que la
probabilidad es más alta que en aquellos formulados sobre
el valor de tales o cuales medidas para hacer bajar los precios
o fortalecer la exportación.
Debemos precisar que no se trata aquí de desconocer
o subestimar las previsiones de corto plazo. Al contrario, es
importante que se multipliquen y que continúen perfeccionando
sus procedimientos y afinando sus métodos. No se trata
de escoger entre previsión (corto plazo) o prospectiva,
sino de asociarlas; cada una necesita de la otra, hay que saber
en qué dirección van y asegurarse del lugar en
el que vamos a posar el pie para dar el siguiente paso.
Visión de conjunto
En las relaciones humanas, toda acción, como cualquier
decisión, es sintética e integra todos los elementos
anteriores. Esto es mayormente cierto cuando se trata de visiones
futuras vividas en un mundo cada vez más interdependiente.
Las extrapolaciones lineales, que dan la apariencia de rigor
científico a nuestros razonamientos, son peligrosas si
olvidamos que son abstractas.
Para superar las visiones estrechas de los especialistas y
describir de manera concreta una situación ubicada en
el futuro, nada es mejor que el diálogo entre los hombres
de experiencia, cuya formación y responsabilidades sean
diferentes. No es conveniente imaginar aquí una suerte
de superespecialista que sería el encargado de recabar
informaciones de distintos equipos de estadísticos o investigadores.
Es necesario que los hombres converjan en una visión de
conjunto y no que las cifras se sumen o se equilibren automáticamente.
Los documentos surgidos del diálogo de los investigadores
y especialistas podrán darle un sentido a nuestra hipotética
situación. Por lo tanto, de la confrontación de
los puntos de vista personales de los expertos surgirá
una visión común que antes que confusa será
complementaria.
Analizar con profundidad
Los procedimientos utilizados con más frecuencia para
sugerir o justificar las decisiones entran en una de las siguientes
categorías: la acción planeada supone un precedente,
se apoya en una analogía o sobre una extrapolación.
Valiosos para sugerir hipótesis, estos comportamientos
tienen la ventaja de evitarnos la pérdida de tiempo que
regularmente implica tomar la decisión poco razonable
de someter todo al análisis. Hay que desarrollar cierto
hábito que nos libere de los trabajos de rutina para dejar
disponible nuestro espíritu para la creatividad requerida.
No obstante, en un mundo acelerado este hábito ve limitado
su dominio legítimo de manera singular. El precedente
sólo es válido ahí donde todo se repite.
La analogía sólo se justifica en un universo estable
donde las causas profundas se encuentran ligadas a las formas
exteriores fácilmente reconocibles. Cuando las transformaciones
son pocas o muy progresivas, los mismos conjuntos complejos se
mantienen por largo tiempo y las sorpresas no son tan temibles.
Pero cuando todo cambia rápido, estos conjuntos se desagregan...
Con respecto a la extrapolación, se contenta con prolongar
la tendencia actual que no es más que el resultado de
las causas profundas. Creer que todo va a continuar sin estar
seguros que las mismas causas seguirán actuando, es un
acto de fe gratuito.
Por lo tanto, la prospectiva debe dedicarse al análisis
con profundidad. La búsqueda de los factores en verdad
determinantes y las tendencias que empujan a los hombres en ciertas
direcciones, de las que no siempre es consciente. En los grupos
de discusión de los que ya hablamos, en los que se ponen
en común las experiencias y las competencias adquiridas,
debe dársele un lugar a los filósofos, los psicólogos
y los psicoanalistas, quienes nos recuerdan que no debemos juzgar
al hombre por lo que dice ni por lo que hace, porque sus actos
lo traicionan más frecuentemente de lo que suponemos.
La misma investigación de las causas deberá
inspirar los análisis económicos y sociales. No
podemos fiarnos de los indicios exteriores que en otro momento
fueron reveladores, es decir, que la prospectiva es todo menos
un recurso fácil, puesto que supone una extrema atención
y un trabajo tenaz. Es lo contrario de un sueño que en
lugar de orientarnos a la acción nos desvía, porque
nos complacemos con imaginar un trabajo que no hemos realizado.
La visión prospectiva no se nos da gratuitamente; es más
bien una recompensa parecida en eso a la intuición bergsoniana,
que es a menudo malentendida y que es el resultado de un largo
trabajo de análisis. La simplicidad se conquista.
Tomando los riesgos
Previsión y prospectiva no emplean los mismos métodos,
ni deben ponerse en práctica por las mismas personas.
La prospectiva supone una libertad que no admite la obligación
a la que nos somete la urgencia. La prospectiva nos demuestra
seguido que las acciones de corto plazo se encadenan en una dirección
opuesta a la que revela el estudio de largo plazo. Los que la
practican deben conducirse con rigor, pero al nivel más
alto. Los responsables saben calcular la importancia de los fenómenos
y darles el lugar exacto en el conjunto de los eventos.
La diferencia de los compromisos hace que la prospectiva sea
o deba ser temeraria. Los horizontes que hace aparecer
pueden llevarnos a modificar con profundidad nuestros proyectos
de largo plazo. Los actos que distinguimos se dispondrán
a nuestro antojo y podrán ser modificados para adaptarlos
a las circunstancias. Por el contrario, la previsión a
corto plazo nos conduce a las decisiones inmediatamente ejecutables
y nos compromete con frecuencia de manera irreversible. Por lo
tanto, la libertad de nuestras visiones prospectivas debe acompañarse
de una sabia prudencia dentro de nuestras realizaciones próximas.
Por eso, Descartes recomendaba someter todo a duda y conceder
al espíritu una libertad absoluta, pero como "las
acciones de la vida no se detienen" las decisiones inmediatas
tenían que regirse por la prudencia, la moderación
y la constancia de su moral previsora.
Pensar en el hombre
Desde muchos puntos de vista, la prospectiva se parece a la
historia... una y otra tienen como base hechos que por esencia
no están presentes: el pasado ya no es y el futuro aún
no llega, ambos están fuera de lo existente. Como en la
historia, también la prospectiva se interesa por los hechos
humanos. Los eventos cósmicos o el progreso de la técnica
atraen en la medida en que tienen consecuencias para los seres
humanos. No pretendemos que el hombre sea "la medida de
todas las cosas". En los estudios de prospectiva el ser
humano es al menos quien da la medida.
Paul Valéry deploraba que no se planteara la pregunta
esencial: "¿Qué es lo que queremos y qué
es lo que hay que querer? Esto, además, implica una decisión,
un tomar partido. Se trata de representarse al hombre de nuestro
tiempo y esta idea del hombre en el medio donde probablemente
vivirá debe ser establecido desde el inicio".
Precisando. El futuro no es sólo lo que puede "llegar
a pasar " o aquello que tiene mayor probabilidad de ocurrir,
también es, en una proporción que no deja de crecer,
lo que nosotros hubiéramos querido que fuera. Prever una
catástrofe es condicional: es prever lo que ocurriría
si no hacemos nada por cambiar el curso de las cosas, y no lo
que ocurrirá de todas maneras. Ver un átomo lo
cambia, mirar un hombre lo transforma, ver el futuro lo cambia
todo. Alain escribió: "Mientras no hayamos comprendido
las relaciones entre todas las cosas y el encadenamiento de las
causas y efectos, estaremos abrumados por el porvenir".
La prospectiva es atenta a las causas. De este modo nos libera
del fatalismo.
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