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Mientras los hechos deben hablar por sí mismos, es
típico en el estudio o especulación sobre el futuro
elegir una perspectiva o teoría relativamente estrecha
y acomodar todo, tanto como sea posible, dentro de su marco de
trabajo. Esto también sucede en la etapa conclusiva. De
suscitarse un gran cambio en la perspectiva, éste suele
ocurrir en alguna etapa intermedia de la investigación.
Hemos sugerido la necesidad de elegir entre las visiones neo-maltusiana
y postindustrial (o alguna posición intermedia o combinada);
argumentaremos que los datos y el análisis pueden ayudar
a hacer la elección.
Un número de otros temas puede ser destacado; así,
un concepto muy común en el pasado fue que el futuro es
estático, y que el número de ideas y temas tradicionales
son repetidos muchas veces. Casi tan común como esta idea
lo fue la visión pesimista: que la cultura y la sociedad
han mostrado un proceso de decadencia, con hincapié en
la perdida época dorada, una trágica visión
de la historia (a menudo involucrando nostalgia y conceptos conservadores),
o un sentimiento de que una sociedad particular ya no es competitiva
o viable de otra manera.
También fue común la creencia maltusiana (o
neomaltusiana) en una próxima catástrofe debido
a una asumida o demostrada incapacidad de la naturaleza o la
sociedad para subsanar importantes necesidades físicas;
asimismo, debido a que el crecimiento económico, tecnológico
o de otro tipo resultaba contraproducente; o quizá porque
por algún tipo de decadencia, los miembros de una sociedad
ya no podrían arreglárselas con los problemas.
En los últimos doscientos años, primero la cultura
occidental y después la mayor parte del mundo han mantenido
una perspectiva básica que es progresiva y optimista.
Ha habido una revolución universal de expectativas en
ascenso: una visión del futuro como una enorme mejora
sobre el presente o el pasado, al menos en lo que respecta a
aspectos materiales y estándares de vida. Una implicación
adicional ha sido que más gente participará en
esa mejora y está en el derecho de hacerlo. El pensamiento
liberal tradicional, así como también los marxistas
y los escenarios postindustriales del futuro, han sustentado
este concepto de progreso. Estas perspectivas con frecuencia
han incluido de manera considerable pensamiento utópico
o milenarista.
Ciclos de cambio
Una perspectiva sin duda común para muchos macrohistoriadores
resalta fenómenos relativamente cíclicos. Se pone
gran atención en el ascenso y caída de una cultura,
o en conceptos de crecimiento, madurez y decadencia. Este punto
de vista ha caracterizado a pensadores chinos en los últimos
dos mil años, y fue desarrollado en nuestra propia cultura
por los antiguos griegos tanto para sus ciudades-estado como
para su cultura como un todo. Así, por ejemplo, Aristóteles
estudió las constituciones de 158 ciudades griegas y concluyó
que cualquier forma de gobierno tendía a decaer o cambiar
de un modo cíclico o circular. Antes que la búsqueda
de un mejor modo de gobierno, él prefirió una interpretación
de la historia que argumentaba que las buenas formas degenerarían
en malas, pero éstas a su vez generarían nuevas
buenas formas. Muchos escritores modernos, incluyendo Sorokin,
Quigley, Toynbee, Spengler, Berdaiev y Vico, también han
observado en la historia algún ascenso o caída
de patrones cíclicos de eventos.
Estos filósofos piensan la civilización en términos
de tres fases de experiencia: una temprana, en la cual los asuntos
cruciales involucran una relación del hombre con Dios,
o bien con otros conceptos sobrenaturales, o con la ética.
Una segunda, heroica y dinámica, que mezcla estos tempranos
conceptos religiosos con un creciente pragmatismo, materialismo
y secularismo. Finalmente, una tercera, que produce casi una
completa, desde luego excesiva, secularización de la cultura
que acaba en un colapso anárquico o en una polarización,
con marcadas actitudes hedonistas y egocéntricas en competencia
con el renacimiento de viejas religiones y actitudes éticas
(o algunas veces tanto el colapso como la polarización).
Todas estas teorías y perspectivas sostienen que el
futuro es más o menos unitario y coherente, o que al menos
tiene una estructura dialéctica de tesis-antítesis-síntesis.
Sin embargo, hay también una visión básica
que destaca la discontinuidad, inconsistencia, arbitrariedad,
desorden y oportunidad; es decir, lo impredecible o la singularidad
de los actuales eventos y condiciones. En este caso, una especial
atención podría dársele a los eventos probabilísticos,
con un cálculo de las contingencias para y en contra de
estas ocurrencias. Una actitud más agnóstica podría
ser adoptada: que el futuro es como un continente inexplorado,
una tierra incógnita, intrínsecamente desconocida.
Tales argumentos pueden ser sofisticados o ingenuos. Pueden
resaltar la incertidumbre del futuro, pero incluir el concepto
de que mucha de esta incertidumbre es básica y no gobernable
por probabilidades objetivas o subjetivas, o desde luego cualquier
análisis serio; o puede subrayar que el futuro es incierto,
pero gobernado por leyes estadísticas o probabilísticas.
Los dos tipos de incertidumbre son muy diferentes. Las incertidumbres
del concepto de la terra incógnita son muy diferentes
de aquellas que involucran el lanzamiento de dados o una carrera
de caballos, en la cual uno puede calcular o intuir razonable
o creíblemente las contingencias. En un caso extremo de
terra incógnita, el observador podría no
sólo ignorar la confiabilidad del dado o el historial
de carreras de los caballos, sino que también podría
desconocer cuántos dados son arrojados o cuáles
caballos están compitiendo, o aun cómo se definen
a los ganadores o perdedores. Estas limitaciones hacen a los
cálculos sobre posibilidades futuras irrelevantes. En
tales situaciones, incluso las probabilidades subjetivas pueden
ser en gran medida insignificantes, excepto para describir las
creencias y conductas de individuos que mantienen estas probabilidades
subjetivas; en otras situaciones o perspectivas, uno podría
tener algún respeto por el juicio intuitivo de ciertos
individuos. Algunas veces, en este último caso, todo aquello
que puede ser comúnmente concluido por el analista es
un conjunto de probabilidades subjetivas de los que son considerados
expertos o de buen juicio.
Ocho aproximaciones a los futuribles
Las elecciones básicas deben hacerse en la construcción
de contextos básicos, futuros alternativos, y escenarios.
Lo primero es elegir entre una aproximación extrapolativa
y las metas deseadas (o evitables) que ofrece la aproximación
normativa. En la técnica extrapolativa uno examina una
situación existente, selecciona ciertas tendencias que
parecen relevantes, y entonces extrapola estas tendencias de
una manera más o menos sofisticada. Varias medidas que
podrían afectar estas proyecciones y cambiar las resultados
o tendencias pueden entonces ser examinadas.
La aproximación normativa (u orientada por metas),
en contraste, involucra primero la determinación de algún
futuro contexto o escenario que se desea realizar o evitar, para
entonces preguntarse qué secuencia de eventos podría
conducir a la realización de este objetivo. En muchos
casos, una meta relativamente improbable es examinada, como la
consecución de un gobierno mundial o el control total
de armas, y entonces se compara este propósito con la
situación actual y su más probable extrapolación.
Al conectar el presente y la meta postulada, es probable que
sea necesario modificar la imagen del mundo actual y aquella
del mundo futuro, y quizás usar escenarios relativamente
improbables. Estas distorsiones son justificadas porque el propósito
es focalizar la atención o discusión en algún
evento improbable, aunque importante en lo absoluto.
En principio, las aproximaciones normativa y extrapolativa
pueden conducir a los mismos resultados si son aplicadas con
rigurosidad y en detalle. Sin embargo, el analista no tiene intención
de ser riguroso y detallista, ni la capacidad de serlo aun si
lo desea. Entonces es recomendable utilizar una aplicación
en vez de otra. Los resultados, por supuesto, dependerán
de la aproximación que se use.
Una segunda elección básica debe hacerse entre
una aproximación sintética y una morfológica.
En la técnica sintética, temas o tópicos
separados se eligen para ser examinados e integrados en un todo.
En la técnica morfológica, una descripción
general del todo es elegida primero y luego los temas y tópicos
son especificados para ajustarlos dentro del todo elegido. En
otras palabras, la aproximación sintética comienza
con actores y situaciones y después se crea un entorno
adecuado para ellos; la aproximación morfológica,
por su parte, comienza con el entorno mismo y en segunda busca
los actores más apropiados y las situaciones.
Tercero, es necesario elegir si se trabaja con conceptos e
imágenes intuitivas y empíricas tomadas del mundo
real, o se aplican arquetipos, conceptos y otras generalizaciones
bastante abstractas o teóricas. La aproximación
empírica, intuitiva, es más propia del área
amateur o experta en combinación con alguna de las técnicas
extrapolativas. En este método, los aspectos concretos
del mundo familiar cotidiano son primero identificados y explicados,
y luego son usados para construir una imagen del futuro. En la
otra aproximación, el hincapié está en las
teorías, las formulaciones abstractas y las hipótesis
generales. Un modelo abstracto de la situación real es
primero construido y después se examinan las variables
del modelo. Éste podría ser bastante rudimentario
e intuitivo siempre que las variables puedan ser definidas y
especificadas.
Si se tiene en cuenta las tres elecciones básicas,
es posible emplear ocho diferentes técnicas para construir
escenarios futuros. Las ocho combinaciones tienen sus propios
usos diversificados. De hecho, estas dicotomías no poseen
la rigidez de "esto o aquello", sino que en verdad
forman un continuum de preguntas de mezcla y grado
y conducen por una variada continuidad de elecciones. Por lo
tanto, existe mucha mayor libertad. Al final, todas estas aproximaciones
podrían conducir a obtener en gran medida el mismo resultado,
pero dado que los análisis son raramente llevados al límite,
las aproximaciones son a menudo bastante diferentes en la práctica.
En teoría, el uso de cualquier técnica no parece
tener a priori ninguna ventaja de mucho peso. En cualquier caso,
lo opuesto es verdad con frecuencia; todo depende del investigador
y de los tópicos sobre los cuales se elija focalizar.
En la extrapolación de algunos sistemas de eventos,
tanto si se trata del mundo como un todo o un segmento muy pequeño,
es posible aplicar los ocho tipos básicos de extrapolación,
caracterizados como sintéticos o morfológicos,
extrapolativos u orientados por metas, empíricos o teóricos
y abstractos. El analista podría considerar primero el
grado en el cual es deseable describir una situación mostrando
sus características netas y resolviendo los componentes
que serían razonablemente consistentes con estas características.
De modo alternativo, el analista podría describir los
componentes y entonces sintetizar el todo desde los componentes,
y resolver las inconsistencias y tensiones. Por ejemplo, si las
futuras tecnologías son extrapoladas para simplemente
prever su costo y beneficio futuro, pero no en un principio para
describir como este costo y beneficio son conseguidos, describiríamos
este método como morfológico, o de modo más
directo, como "desenvolviéndose en el espacio del
costo/beneficio".
Por otro lado, los detalles de cómo un sistema opera
podrían ser previstos, incluyendo todos los componentes
que, cuando son especificados, lo hacen posible, al menos en
principio, después de calcular el costo-beneficio. Este
sería el método sintético de definición
de un sistema o sistemas futuros, algunas veces descritos como
"operando en un espacio táctico, de ingeniería
u operacional". (Debería advertirse que el mismo
ejemplo puede ser usado para ilustrar la diferencia entre lo
teórico y abstracto, por un lado, y lo intuitivo y empírico,
por el otro.)
Excepto por la posibilidad, cuando es apropiado, de trabajar
en el espacio de costo/beneficio, yo suelo preferir las aproximaciones
sintética, extrapolativa y empírica, pero muchos
otros futurólogos profesionales son partidarios de la
morfológica, abstracta u orientada por metas.
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