Futuro y prospectiva
 
       

Perspectivas sobre el futuro*

 
       
Herman Kahn    
       

* Publicado originalmente en 1967 y reimpreso en American Outlook Magazine, Summer, 1998.

Se reimprime con permiso de American Outloook Magazine, publicación del Instituto Hudson de Indianapolis. Traducción: Jorge Ramírez Plascencia.

       

Mientras los hechos deben hablar por sí mismos, es típico en el estudio o especulación sobre el futuro elegir una perspectiva o teoría relativamente estrecha y acomodar todo, tanto como sea posible, dentro de su marco de trabajo. Esto también sucede en la etapa conclusiva. De suscitarse un gran cambio en la perspectiva, éste suele ocurrir en alguna etapa intermedia de la investigación. Hemos sugerido la necesidad de elegir entre las visiones neo-maltusiana y postindustrial (o alguna posición intermedia o combinada); argumentaremos que los datos y el análisis pueden ayudar a hacer la elección.

Un número de otros temas puede ser destacado; así, un concepto muy común en el pasado fue que el futuro es estático, y que el número de ideas y temas tradicionales son repetidos muchas veces. Casi tan común como esta idea lo fue la visión pesimista: que la cultura y la sociedad han mostrado un proceso de decadencia, con hincapié en la perdida época dorada, una trágica visión de la historia (a menudo involucrando nostalgia y conceptos conservadores), o un sentimiento de que una sociedad particular ya no es competitiva o viable de otra manera.

También fue común la creencia maltusiana (o neomaltusiana) en una próxima catástrofe debido a una asumida o demostrada incapacidad de la naturaleza o la sociedad para subsanar importantes necesidades físicas; asimismo, debido a que el crecimiento económico, tecnológico o de otro tipo resultaba contraproducente; o quizá porque por algún tipo de decadencia, los miembros de una sociedad ya no podrían arreglárselas con los problemas.

En los últimos doscientos años, primero la cultura occidental y después la mayor parte del mundo han mantenido una perspectiva básica que es progresiva y optimista. Ha habido una revolución universal de expectativas en ascenso: una visión del futuro como una enorme mejora sobre el presente o el pasado, al menos en lo que respecta a aspectos materiales y estándares de vida. Una implicación adicional ha sido que más gente participará en esa mejora y está en el derecho de hacerlo. El pensamiento liberal tradicional, así como también los marxistas y los escenarios postindustriales del futuro, han sustentado este concepto de progreso. Estas perspectivas con frecuencia han incluido de manera considerable pensamiento utópico o milenarista.

 

Ciclos de cambio

Una perspectiva sin duda común para muchos macrohistoriadores resalta fenómenos relativamente cíclicos. Se pone gran atención en el ascenso y caída de una cultura, o en conceptos de crecimiento, madurez y decadencia. Este punto de vista ha caracterizado a pensadores chinos en los últimos dos mil años, y fue desarrollado en nuestra propia cultura por los antiguos griegos tanto para sus ciudades-estado como para su cultura como un todo. Así, por ejemplo, Aristóteles estudió las constituciones de 158 ciudades griegas y concluyó que cualquier forma de gobierno tendía a decaer o cambiar de un modo cíclico o circular. Antes que la búsqueda de un mejor modo de gobierno, él prefirió una interpretación de la historia que argumentaba que las buenas formas degenerarían en malas, pero éstas a su vez generarían nuevas buenas formas. Muchos escritores modernos, incluyendo Sorokin, Quigley, Toynbee, Spengler, Berdaiev y Vico, también han observado en la historia algún ascenso o caída de patrones cíclicos de eventos.

Estos filósofos piensan la civilización en términos de tres fases de experiencia: una temprana, en la cual los asuntos cruciales involucran una relación del hombre con Dios, o bien con otros conceptos sobrenaturales, o con la ética. Una segunda, heroica y dinámica, que mezcla estos tempranos conceptos religiosos con un creciente pragmatismo, materialismo y secularismo. Finalmente, una tercera, que produce casi una completa, desde luego excesiva, secularización de la cultura que acaba en un colapso anárquico o en una polarización, con marcadas actitudes hedonistas y egocéntricas en competencia con el renacimiento de viejas religiones y actitudes éticas (o algunas veces tanto el colapso como la polarización).

Todas estas teorías y perspectivas sostienen que el futuro es más o menos unitario y coherente, o que al menos tiene una estructura dialéctica de tesis-antítesis-síntesis. Sin embargo, hay también una visión básica que destaca la discontinuidad, inconsistencia, arbitrariedad, desorden y oportunidad; es decir, lo impredecible o la singularidad de los actuales eventos y condiciones. En este caso, una especial atención podría dársele a los eventos probabilísticos, con un cálculo de las contingencias para y en contra de estas ocurrencias. Una actitud más agnóstica podría ser adoptada: que el futuro es como un continente inexplorado, una tierra incógnita, intrínsecamente desconocida.

Tales argumentos pueden ser sofisticados o ingenuos. Pueden resaltar la incertidumbre del futuro, pero incluir el concepto de que mucha de esta incertidumbre es básica y no gobernable por probabilidades objetivas o subjetivas, o desde luego cualquier análisis serio; o puede subrayar que el futuro es incierto, pero gobernado por leyes estadísticas o probabilísticas. Los dos tipos de incertidumbre son muy diferentes. Las incertidumbres del concepto de la terra incógnita son muy diferentes de aquellas que involucran el lanzamiento de dados o una carrera de caballos, en la cual uno puede calcular o intuir razonable o creíblemente las contingencias. En un caso extremo de terra incógnita, el observador podría no sólo ignorar la confiabilidad del dado o el historial de carreras de los caballos, sino que también podría desconocer cuántos dados son arrojados o cuáles caballos están compitiendo, o aun cómo se definen a los ganadores o perdedores. Estas limitaciones hacen a los cálculos sobre posibilidades futuras irrelevantes. En tales situaciones, incluso las probabilidades subjetivas pueden ser en gran medida insignificantes, excepto para describir las creencias y conductas de individuos que mantienen estas probabilidades subjetivas; en otras situaciones o perspectivas, uno podría tener algún respeto por el juicio intuitivo de ciertos individuos. Algunas veces, en este último caso, todo aquello que puede ser comúnmente concluido por el analista es un conjunto de probabilidades subjetivas de los que son considerados expertos o de buen juicio.

 

Ocho aproximaciones a los futuribles

Las elecciones básicas deben hacerse en la construcción de contextos básicos, futuros alternativos, y escenarios. Lo primero es elegir entre una aproximación extrapolativa y las metas deseadas (o evitables) que ofrece la aproximación normativa. En la técnica extrapolativa uno examina una situación existente, selecciona ciertas tendencias que parecen relevantes, y entonces extrapola estas tendencias de una manera más o menos sofisticada. Varias medidas que podrían afectar estas proyecciones y cambiar las resultados o tendencias pueden entonces ser examinadas.

La aproximación normativa (u orientada por metas), en contraste, involucra primero la determinación de algún futuro contexto o escenario que se desea realizar o evitar, para entonces preguntarse qué secuencia de eventos podría conducir a la realización de este objetivo. En muchos casos, una meta relativamente improbable es examinada, como la consecución de un gobierno mundial o el control total de armas, y entonces se compara este propósito con la situación actual y su más probable extrapolación. Al conectar el presente y la meta postulada, es probable que sea necesario modificar la imagen del mundo actual y aquella del mundo futuro, y quizás usar escenarios relativamente improbables. Estas distorsiones son justificadas porque el propósito es focalizar la atención o discusión en algún evento improbable, aunque importante en lo absoluto.

En principio, las aproximaciones normativa y extrapolativa pueden conducir a los mismos resultados si son aplicadas con rigurosidad y en detalle. Sin embargo, el analista no tiene intención de ser riguroso y detallista, ni la capacidad de serlo aun si lo desea. Entonces es recomendable utilizar una aplicación en vez de otra. Los resultados, por supuesto, dependerán de la aproximación que se use.

Una segunda elección básica debe hacerse entre una aproximación sintética y una morfológica. En la técnica sintética, temas o tópicos separados se eligen para ser examinados e integrados en un todo. En la técnica morfológica, una descripción general del todo es elegida primero y luego los temas y tópicos son especificados para ajustarlos dentro del todo elegido. En otras palabras, la aproximación sintética comienza con actores y situaciones y después se crea un entorno adecuado para ellos; la aproximación morfológica, por su parte, comienza con el entorno mismo y en segunda busca los actores más apropiados y las situaciones.

Tercero, es necesario elegir si se trabaja con conceptos e imágenes intuitivas y empíricas tomadas del mundo real, o se aplican arquetipos, conceptos y otras generalizaciones bastante abstractas o teóricas. La aproximación empírica, intuitiva, es más propia del área amateur o experta en combinación con alguna de las técnicas extrapolativas. En este método, los aspectos concretos del mundo familiar cotidiano son primero identificados y explicados, y luego son usados para construir una imagen del futuro. En la otra aproximación, el hincapié está en las teorías, las formulaciones abstractas y las hipótesis generales. Un modelo abstracto de la situación real es primero construido y después se examinan las variables del modelo. Éste podría ser bastante rudimentario e intuitivo siempre que las variables puedan ser definidas y especificadas.

Si se tiene en cuenta las tres elecciones básicas, es posible emplear ocho diferentes técnicas para construir escenarios futuros. Las ocho combinaciones tienen sus propios usos diversificados. De hecho, estas dicotomías no poseen la rigidez de "esto o aquello", sino que en verdad forman un continuum de preguntas de mezcla y grado y conducen por una variada continuidad de elecciones. Por lo tanto, existe mucha mayor libertad. Al final, todas estas aproximaciones podrían conducir a obtener en gran medida el mismo resultado, pero dado que los análisis son raramente llevados al límite, las aproximaciones son a menudo bastante diferentes en la práctica. En teoría, el uso de cualquier técnica no parece tener a priori ninguna ventaja de mucho peso. En cualquier caso, lo opuesto es verdad con frecuencia; todo depende del investigador y de los tópicos sobre los cuales se elija focalizar.

En la extrapolación de algunos sistemas de eventos, tanto si se trata del mundo como un todo o un segmento muy pequeño, es posible aplicar los ocho tipos básicos de extrapolación, caracterizados como sintéticos o morfológicos, extrapolativos u orientados por metas, empíricos o teóricos y abstractos. El analista podría considerar primero el grado en el cual es deseable describir una situación mostrando sus características netas y resolviendo los componentes que serían razonablemente consistentes con estas características. De modo alternativo, el analista podría describir los componentes y entonces sintetizar el todo desde los componentes, y resolver las inconsistencias y tensiones. Por ejemplo, si las futuras tecnologías son extrapoladas para simplemente prever su costo y beneficio futuro, pero no en un principio para describir como este costo y beneficio son conseguidos, describiríamos este método como morfológico, o de modo más directo, como "desenvolviéndose en el espacio del costo/beneficio".

Por otro lado, los detalles de cómo un sistema opera podrían ser previstos, incluyendo todos los componentes que, cuando son especificados, lo hacen posible, al menos en principio, después de calcular el costo-beneficio. Este sería el método sintético de definición de un sistema o sistemas futuros, algunas veces descritos como "operando en un espacio táctico, de ingeniería u operacional". (Debería advertirse que el mismo ejemplo puede ser usado para ilustrar la diferencia entre lo teórico y abstracto, por un lado, y lo intuitivo y empírico, por el otro.)

Excepto por la posibilidad, cuando es apropiado, de trabajar en el espacio de costo/beneficio, yo suelo preferir las aproximaciones sintética, extrapolativa y empírica, pero muchos otros futurólogos profesionales son partidarios de la morfológica, abstracta u orientada por metas.