Futuro y prospectiva

El interés del hombre por el futuro no es nuevo. Tampoco, el temor y la fascinación que le despierta. Hasta el siglo xvii, o poco más, las ideas dominantes sobre el porvenir eran de inspiración religiosa, hermética o astrológica. Las sociedades europeas anteriores a la modernidad vivían pendientes de un futuro que, en realidad, sería la anulación de todo futuro: el juicio final. Hoy, pocos siguen a la espera de este momento, pero la carga emocional asociada al futuro puede no ser menos intensa. Somos, en este sentido, menos modernos de lo que pensamos.

Acaso tampoco seamos más modernos respecto a nuestra disposición intelectual hacia el futuro. En el imaginario colectivo conviven sin mayor conflicto ideas que hacen del tiempo futuro una dimensión por principio incognoscible con profecías escabrosas que dan por sentada su absoluta predeterminación. Se le aprecia como aquello sobre lo que no podemos formular ningún juicio que tenga sentido, pero también como lo que ya está escrito y hasta descifrado. No se podría entender si no es por esta última predisposición al súbito interés colectivo en una figura como Nostradamus, de pronto resucitado como el gran profeta de los atentados del 11 de septiembre a las torres gemelas de Nueva York.

La prospectiva nació y se ha consolidado en permanente batalla contra esta herencia de posiciones escépticas, deterministas o fatalistas sobre el futuro. Se trata de un campo de investigación interdisciplinario que surge a finales de los años cincuenta del siglo pasado como respuesta a una sensación muy generalizada de aceleración del tiempo histórico y de percepción del futuro como riesgo. Se concibe menos como una disciplina académica, cuya actividad se circunscribe únicamente al campo del saber, que como una herramienta de planeación con el propósito de incrementar la capacidad del hombre de prever y modelar el desarrollo futuro de las sociedades. Liberada de la ilusión de pronosticar o saber a ciencia cierta lo que sucederá en el futuro, la prospectiva se interesa por su construcción.

El dossier "Futuro y prospectiva" ofrece una visión sucinta del desarrollo y alcance de esta disciplina. Hemos reunido textos diversos que pretenden dar cuenta de sus fines y enfoques principales. Nos hemos valido para ello, entre otros, de tres textos inéditos en español, dos de ellos de autores clásicos.

Jorge Ramírez hace una rápida revisión de la evolución de la prospectiva, cuyo hilo conductor es la concepción pluralista del futuro que subyace en esta disciplina. Explora el tránsito de una concepción cientificista que elabora pronósticos sobre la base de un futuro que se ve como algo esencialmente determinado a una visión que lo concibe abierto e indeterminado, en la que la acción del hombre es decisiva para su consecución. Asimismo, hace un recuento de desarrollos recientes de los estudios de futuro, que conectan la exploración del mañana con una preocupación más amplia por potenciar el pensamiento estratégico y el aprendizaje en el seno de las organizaciones.

La prospectiva es, antes que un método o una disciplina, una actitud, nos recuerda Gastón Berger, a quien se debe el nombre y los principios filosóficos generales en que se basa esta perspectiva intelectual. En este texto, originalmente publicado en francés en 1958, Berger traza los rasgos generales de una empresa de saber cuyo centro es el ser humano y su interés principal no es preguntarse por lo que puede suceder en el futuro, sino por lo que queremos que ocurra.

Herman Kahn (1922-1983), uno de los pioneros de mayor prestigio en el campo de los estudios de futuro y creador del método de escenarios en la década de los sesenta, hace una valoración de las diversas alternativas filosóficas y metodológicas para estudiar el futuro. Aboga por un tratamiento pluralista, que combine enfoques cuantitativos y cualitativos, el cual sirvió de base para la elaboración de algunas de sus obras más representativas, consideradas clásicas de la disciplina, como El año 2000, Los próximos 200 años y Lo que habrá de suceder.

La prospectiva o los estudios de futuro, como suelen llamársele más bien en el ámbito anglosajón, ha tenido un poderoso desarrollo en el mundo de la empresa. Ged Davis, quien encabeza las actividades de planeación por escenarios en una de las principales compañías petroleras del mundo, explica el alcance y la lógica de esta herramienta; destaca su valor para manejar el riesgo y enriquecer la visión del mundo que tienen los tomadores de decisiones.

Marco Antonio Cortés Guardado relata su experiencia como líder del proyecto "Jalisco a futuro", investigación del Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo (ceed) de la Universidad de Guadalajara. Cortés narra los recursos de teoría y metodología que se emplearon en la estructuración del primer estudio sistemático sobre los futuros de la entidad con visión al 2025. Su artículo es de gran interés porque nos ofrece la experiencia de un investigador enfrentado a la dura tarea de formular una visión integradora del futuro de un sistema altamente complejo, como lo es una entidad federativa.

El dossier se cierra con una entrevista concedida por Antonio Alonso Concheiro, uno de los prospectólogos más reputados del país y cuyo desempeño ha sido decisivo para estructurar numerosas visiones de largo plazo sobre México. En esta entrevista, Antonio Alonso hace un recuento del desarrollo de la prospectiva en nuestro país, comenta su estado actual y expone una visión sintética del futuro de México hacia el año 2030.