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Institucionalidad municipal de género en Guadalajara. Fuerzas impulsoras y retardatarias |
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Rosa María Castillero Manzano |
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Introducción A partir de que se ha asumido en la agenda pública el reconocimiento de las desigualdades entre los hombres y las mujeres y la necesidad de revertir el rezago que viven éstas, el proceso de institucionalización de género se ha venido cristalizando en gran parte de los países del mundo occidental (principalmente a partir de los años noventa) a través de la creación de un organismo, instancia o instituto con su propia estructura administrativa y de organización, cuyo objetivo es coordinar y orientar las políticas públicas de manera integral a favor de las mujeres, y con un enfoque de equidad entre los géneros. Éste es sólo el inicio del proceso de la institucionalización de género que de ningún modo resulta suficiente, ya que su propósito es asumir el enfoque y análisis de género en la totalidad de las prácticas de gobierno, esto es, en las áreas de trabajo, los programas, acciones y presupuestos y necesariamente entre el personal directivo y operativo de gobierno; por ello, se considera que el enfoque de género debe ser una política de Estado presente en toda la trama institucional. El organismo o instituto de mujeres que se crea por decreto y como respuesta a la dinámica y presión institucional y social de las expresiones internacionales y nacionales, es un área más de trabajo pero tiene la particularidad de ser la responsable de promover, además de una cultura de equidad, la institucionalización de género, que con su creación como organismo de gobierno sólo representa el primer paso del proceso. La capacidad de conocimiento y formación de género, argumentativa, de cabildeo, de negociación, de convocatoria, y de alianzas por parte de las y los responsables de este organismo de mujeres, así como los apoyos y la sensibilización al tema de las autoridades y las instituciones y la vigilancia y presencia de las organizaciones de la sociedad civil para hacer valer compromisos en torno a los programas de género, son, entre otros, factores concatenados indispensables para hacer realidad una verdadera institucionalización del enfoque de género en un gobierno. Si no se logran estos elementos se corre el riesgo de que, aun teniendo un instituto de las mujeres, éste quede marginado como un apéndice del gobierno sin mayor trascendencia e impacto y con la posibilidad de verse reducido a su mínima expresión tanto en capacidad de gestión y autoridad como presupuestaria. Por lo expuesto, resulta de sumo interés hacer un análisis y seguimiento de los procesos de gestación y operación de los institutos de las mujeres que desde los años noventa se han venido creando en América Latina, y en el caso de México más recientemente a partir de 2001, con la creación del Instituto Nacional de las Mujeres, al que le siguieron los estatales y después los municipales; actualmente, funcionan 32 institutos estatales, uno en cada entidad de la república y sólo 422 en el ámbito municipal de los 2 427 municipios que existen en el territorio mexicano.1 Es interés propio para desarrollar en este trabajo el tema del Instituto Municipal de las Mujeres en Guadalajara (immg), uno de los primeros en el ámbito nacional, creado por acuerdo de cabildo con base en la figura jurídica más recomendable para estos casos: como organismo público descentralizado, con presupuesto y patrimonio propios. Sin embargo, habría que analizar desde la perspectiva de un balance de resultados, y del contexto político, social y cultural en el que está enmarcado, sus alcances y limitaciones en la intención de origen de coadyuvar en una transformación cultural y estructural a favor de la equidad de género. Este análisis tiene como herramienta conceptual y analítica la propuesta de Virginia Guzmán (2001), en el sentido de que el proceso de la legitimación e institucionalidad de género está condicionada por los aspectos culturales, simbólicos, institucionales y políticos de cada sociedad en concreto, características todas ellas que pueden inhibir o alentar el proceso.
Marco conceptual de la institucionalidad de género Hablar de la institucionalización de género es abordar, en principio, la incorporación a la agenda pública y de gobierno de un nuevo enfoque metodológico y de interpretación para el análisis de la realidad y la definición de propuestas de políticas públicas, renovadas, y de atención a la diversidad social. Es un proceso que tiene como punto de partida las nuevas y diferentes formas de representación social de lo masculino y lo femenino que tiene una sociedad determinada, en un marco de nuevas interpretaciones y demandas sociales relacionadas con la forma de convivencia y trato entre mujeres y hombres, que a fuerza de mantener cierta regularidad y presencia como reclamos sociales, llegan a ser elevadas al rango de la norma y la sanción e incorporadas de una manera significativa a la estructura y operación de las instituciones y a la definición de los objetivos y las metodologías adoptadas en el orden institucional. En tal virtud, la institucionalización se plasma a través de nuevos marcos de sentido que orientan el diseño de políticas, en los cambios en las agendas institucionales, en programas y mecanismos específicos, en la creación de nuevas instancias, leyes, normas y recursos asignados al avance de la situación de las mujeres.2 La institucionalidad de género es el resultado de un proceso social y político que se da en una sociedad concreta, y sus características, definiciones, expectativas y avances o retrocesos se explican a partir de una serie de referentes propios de dicha sociedad en el terreno social, político, cognitivo, valórico y simbólico. Como lo señala Virginia Guzmán, "... la legitimación e institucionalización de una nueva problemática no se da en el vacío, sino que tiene lugar en sociedades concretas, con distintos grados de diversidad cultural, de densidad organizativa y de sistema político, con culturas políticas y desarrollo institucional específicos...".3 Este proceso debe ser promovido desde la perspectiva de la innovación, la emergencia y la difusión de nuevas ideas con características propias, pero también ha de tener una gran solidez, ya que debe enfrentar y revertir las resistencias al cambio que existen en toda sociedad y en las instituciones. Lo anterior, a partir del concepto de género que de manera generalizada se ha adoptado y que nos ayuda a entender que las diferencias biológicas por razones de sexo no son las causas que explican los roles y posiciones familiares y sociales, las distinciones de trato y acceso a los recursos y, en general, las inequidades que en la vida cotidiana y en todos los ámbitos existen entre hombres y mujeres; las causas debemos encontrarlas en las mentalidades, las tradiciones, las actitudes, los valores y formas de representación de lo masculino y lo femenino que la sociedad ha venido construyendo en el terreno de lo cultural. A partir de esta visión, el enfoque de género sirve también como una metodología de trabajo de los gobiernos, pues una vez que se reconoce que las desigualdades de género han sido social y culturalmente construidas, éstas pueden cambiarse y, por lo tanto, es responsabilidad del gobierno trabajar a favor del principio de equidad y en contra de la discriminación y subordinación de la mujer en todos los órdenes. El género en este sentido es una categoría que en su utilidad conceptual puede desplegarse en tres órdenes:4
En el ámbito internacional, y a través de procesos históricos ligados a los movimientos de mujeres, los lineamientos que definen el sentido de las políticas de género han venido cambiando a lo largo de los años. En la década de los setenta y la primera mitad de los ochenta, prevaleció el enfoque med (Mujeres en el Desarrollo), que promovía la integración de las mujeres al desarrollo y la atención a los grupos en extrema vulnerabilidad, sin considerar las relaciones de género en los órdenes público y privado que reproducían las formas de discriminación, subordinación y rezagos de la mujer. Posteriormente, emerge un nuevo marco interpretativo llamado gad (Género en el Desarrollo), que centra su atención no sólo en las relaciones desiguales entre los géneros, sino también en las estructuras y mecanismos productores de esa igualdad, situación por la cual, para remontar las desigualdades de género, había entonces que establecer un conjunto de elementos a favor de la equidad de género desde los más altos niveles de gobierno, pues el avance de las mujeres era concebido como el resultado de un trabajo que competía al conjunto del Estado (de acuerdo con las recomendaciones de la Tercera Conferencia de la Mujer, en 1985, en Naibori).5 Finalmente, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, marca un hito en el proceso de definición de la institucionalidad y las políticas de género, pues pone de manifiesto el carácter sistémico de los problemas de género y logra integrar la plataforma de acción que es el marco normativo internacional que encuadra la directriz de las políticas, en la cual se declara que "es un objetivo estratégico el dar impulso en todo el mundo a la creación de institutos de las mujeres encargados de formular planes de igualdad de oportunidades entre los géneros, de monitorear su cumplimiento y de institucionalizar la perspectiva de género en las políticas públicas".6 Se establece, entonces, el compromiso de los estados para poner en práctica políticas de acción positiva para superar los obstáculos en la igualdad de oportunidades de hombres y mujeres, así como estimular la independencia de las mujeres en todos los órdenes para que puedan participar en igualdad de condiciones.7 En este sentido se propone la estrategia de transversalidad orientada a integrar esta perspectiva en todos los órdenes de gobierno, desde su misión, estrategias, programas, estructura, sistema y cultura, en vez de mantener un programa separado, cuya responsabilidad era sólo de la dependencia encargada de los asuntos de la mujer. Esta estrategia se ha venido utilizando por los diferentes gobiernos a través de los planes de igualdad de oportunidades que se basan en el principio de que las mujeres no son iguales en el punto de partida y, por lo tanto, hay que corregir éste. Por ello, el primer mecanismo es la acción positiva, que consiste en corregir la desventaja inicial de las mujeres, y en igualdad de condiciones, privilegiar a las mujeres sobre los hombres para remontar el rezago histórico en todos los ámbitos en que la mujer se ha subsumido (Astelarra 2000).8
Instituto municipal de las mujeres en Guadalajara
Escenario político y sociocultural de la ciudad de Guadalajara Guadalajara y su región se han caracterizado por su gran tradición conservadora; baste recordar que fue uno de los bastiones (sociedad y líderes) en la guerra cristera del primer tercio del siglo pasado. También, podrá verse lógico que, debido al fuerte vínculo entre los grupos hegemónicos y el clero, la sociedad en general ha venido construyendo una forma de imaginario en la que los preceptos religiosos se transfieren en morales indubitables que permean no sólo en el campo de lo espiritual, sino también en el terreno político y social. Los ejemplos y anécdotas ilustran con una gran profusión esta situación: Jalisco es uno de los primeros estados del país que opta por un gobierno conservador (el Partido Acción Nacional con fuertes vínculos con la Iglesia católica en México). En Guadalajara, el primer presidente municipal de esta representación política prohibió que las empleadas municipales usaran minifaldas (porque ello provocaría a los varones y eso sería indebido); también, las manifestaciones lésbicas y homosexuales de carácter público, no sólo en este periodo administrativo, sino también en algunos gobiernos anteriores a esta línea política. Entre otras de las medidas memorables de carácter conservador se encuentra la disposición del gobierno municipal de retirar una serie de anuncios espectaculares de las calles que intentaban mostrar las ventajas de unos afamados sostenes femeninos, por considerarlos inmorales. La línea conservadora que accedió al poder en los últimos años, es reflejo de la sociedad y se ha venido caracterizando por tres elementos de su hacer que se repiten y verifican: a) consideran que poseen la verdad mesiánica y, por tanto, los ciudadanos no tienen otra opción más que seguir sus designios; b) no existe la disposición ni la capacidad de tratar con la oposición; y c) confunden los preceptos morales-religiosos con los cívicos.
Origen, actores y protagonistas de la creación del instituto Desde un contexto internacional favorable a los asuntos de género, y a escala nacional, con la conjunción de factores como una coyuntura política de cambios con la alternancia en el poder en el año 2000 que creó una gran expectativa en torno al nuevo gobierno, un movimiento pujante y organizado de mujeres y ciertos avances en la definición de mecanismos institucionales a favor de la equidad de género, se crea en México el Instituto Nacional de las Mujeres, cuya aparición provocó en efecto de cascada la fundación de institutos estatales; esta dinámica a su vez crea condiciones para la formación de organismos de mujeres en el orden municipal. Sin embargo, los procesos de formación de estos organismos en los diferentes ámbitos de gobierno y latitudes tienen su propio ritmo, sus protagonistas y su historia. Además, ni todos los municipios establecieron su instancia municipal ni todas las instancias municipales de las mujeres se crearon bajo figuras sólidas y con capacidad de decisión. En el caso del municipio de Guadalajara, capital de Jalisco y la segunda ciudad más importante de México, después del Distrito Federal, con una población de casi dos millones de habitantes, el Instituto Municipal de las Mujeres se crea el 13 de junio de 2002 por acuerdo de cabildo, y es uno de los pocos en el país que se conforma con base en las recomendaciones de la Conferencia Internacional de Beijing, como un organismo público descentralizado con personalidad jurídica y patrimonio propio y con autonomía de gestión; gran parte de las instancias municipales de las mujeres fueron instauradas como programas, coordinaciones o proyectos sujetos a cierta dependencia del gobierno o de la propia autoridad municipal, de manera temporal y sin ninguna formalidad oficial. ¿Cuál fue el proceso político y de movilización social que explica la aparición del Instituto Municipal de las Mujeres en Guadalajara a partir de estas características? La presentación de esta iniciativa fue puesta sobre la mesa por la regidora presidenta de la comisión edilicia de equidad de género del Cabildo de Guadalajara, representante de un partido de oposición (pri), al partido gobernante (pan), durante la gestión municipal de Fernando Garza (2000-2003). La regidora tiene una amplia y sólida formación de género y política; y en los años noventa, formaba parte de un colectivo de mujeres de la sociedad civil denominado Mujeres en Movimiento,9 que en diferentes frentes trabajaron en estudios de género, en programas con las mujeres presas, con víctimas de maltrato y violación, en asuntos contra la violencia doméstica, etcétera. Asimismo, se mantuvieron atentas y vinculadas a los avances y propuestas internacionales y conectadas a las redes de mujeres nacionales e internacionales. Una vez que llegó a ser parte del gobierno municipal, la regidora integró como prioridad en su agenda de iniciativas planteadas ante el Cabildo la creación del instituto, para cuya concepción, formulación, justificación y proyecto definitivo contó con el apoyo y la participación de mujeres principalmente académicas y algunas representantes de organizaciones civiles. La lucha política dentro del Cabildo para la aprobación de la iniciativa fue ardua y difícil. Hubo resistencias y falta de apoyo, desde rechazos tajantes hasta indiferencia y actitudes de descalificación y subestimación del tema, en general, de todos sus integrantes de los tres partidos representados en él, los cuales mostraron una falta de conocimiento y formación sobre los temas de género y equidad. Cabe destacar los argumentos esgrimidos por algunos regidores, incluso mujeres, que cuestionaron la necesidad de crear un instituto de las mujeres, porque consideraban que ya existía una dependencia, el Sistema Integral de la Familia, que atendía precisamente estos asuntos.10 El cabildeo y la negociación duraron varios meses, desde febrero de 2001, cuando se presenta la iniciativa, hasta diciembre que se acepta con la elaboración del reglamento y la aprobación de un presupuesto para el ejercicio 2002, no sin pasar por fuertes discusiones, ausencias en los momentos de toma de decisiones, tortuguismo, falta de consensos, desacuerdos con respecto a la figura jurídica que se le quería imprimir, etcétera. El 13 de junio de 2002 se hace oficial la creación del instituto y su reglamento respectivo con la publicación en el diario oficial. El balance en torno al proceso de gestión deja claro que el factor decisivo para la concepción, presentación ante Cabildo y aprobación final de la institucionalidad de género en el municipio de Guadalajara, fue la capacidad de negociación, de convencimiento y de argumentación y conocimiento sobre el tema que tuvo la regidora protagonista del proceso, quien a pesar de enfrentarse a la falta de interés, rechazo y desconocimiento del tema, logró convencer al Cabildo para su aprobación. La estrategia de la regidora fue llevar ante el pleno del Cabildo a representantes de organizaciones de mujeres y especialistas en los asuntos de género, para sensibilizar y explicar el avance de los acuerdos y mecanismos institucionales que a escala internacional y nacional se habían alcanzado al respecto. Asimismo, manejó como argumento sustancial de presión el costo político que podría representar para el gobierno municipal la no aprobación de la iniciativa, dada la pujanza y avance del tema en el mundo, en la región y en el propio país. En la formación del Instituto de las Mujeres en Guadalajara dominó la vertiente del feminismo político, apoyado por el intelectual, representado por mujeres que a título personal colaboraron como parte de un proyecto de mujeres solidarias y comprometidas con la causa de la equidad. Y más que una demanda y reclamo de la sociedad, como asunto construido en la agenda del colectivo social, fue una propuesta e iniciativa de un grupo de mujeres con formación de género que por una circunstancia político-electoral, a través del ascenso de una de ellas a una posición de poder como regidora, logra plasmar y permear la propuesta y hacer realidad la institucionalidad de género en este municipio. Es de destacar que a tres años de creado el Instituto de las Mujeres tanto a escala nacional como estatal, en Jalisco, de los 124 municipios sólo Guadalajara cuenta con uno.
Estructura organizativa y operativa del instituto. Perfiles profesionales, agenda de trabajo y estrategia de acción De acuerdo con lo establecido por su reglamento, el Instituto Municipal de las Mujeres en Guadalajara (immg) es
El immg oficialmente está integrado por la dirección general, una junta de gobierno, que es el órgano de gobierno del instituto, y un consejo consultivo, órgano de consulta y opinión. Su estructura operativa está organizada a partir de cuatro coordinaciones, que son al mismo tiempo las cuatro líneas de trabajo que definen su hacer cotidiano: salud, educación, trabajo y participación ciudadana. Tiene como objetivos fundamentales los siguientes:
La designación de la directora y la composición del equipo de profesionales respondieron a lógicas y consideraciones de tipo político, en una negociación de reparto de posiciones, principalmente entre los miembros de la junta de gobierno, que a la vez, como lo marca el reglamento, eran altos funcionarios del gobierno municipal, como el propio presidente y los regidores, incluyendo a la presidenta de la comisión de equidad de género. Los criterios de formación en la cultura de género y de participación en movimientos de mujeres no fueron considerados para determinar la plantilla de personal.12 La primera directora fue una persona mayor, con un perfil político de reconocimiento en su partido, pues fue la primera mujer diputada del Partido Acción Nacional ante el Congreso de la Unión; sin embargo, no contaba con una formación en asuntos de género, investigación y políticas públicas;13 asimismo, el personal en general se integró con personas con preparación en sus líneas de trabajo (salud, educación, trabajo y participación ciudadana), pero sin una cultura de género que le diera orientación a sus programas y acciones de trabajo. Ante la falta de resultados y definiciones de programas de trabajo del immg, a los seis meses, en febrero de 2003, se hace un cambio de dirección y asume el cargo la coordinadora del área de educación; a partir de entonces, el instituto ha venido realizando una serie de actividades destacadas, con una estrategia de posicionamiento ante la sociedad, como: un foro contra la violencia intrafamiliar; el simposio para la salud integral de la mujer; el vínculo y atención con las mujeres tapatías a través de su participación permanente en los Miércoles Ciudadanos; el programa "Hoy niña, mañana mujer", en el que se trabaja en escuelas primarias con niños y niñas en torno a los derechos humanos de las niñas; la atención a las mujeres del ayuntamiento y de diferentes zonas de la ciudad con exámenes gratuitos de osteoporosis y diabetes; la promoción y entrega de la cartilla de salud de la mujer, a través de la coordinación con diferentes dependencias del sector salud; la jornada "La mujer en la nueva cultura laboral", con talleres de capacitación para la promoción económica de la mujer; campaña con material impreso sobre los derechos laborales de las mujeres; un foro con dependencias de gobierno del ámbito económico y laboral para dar a conocer a las mujeres la oferta institucional en este sentido, y la participación y exposición de experiencia de mujeres que trabajan en ámbitos no tradicionales, como las policías, las bomberas y las mineras; la firma de un convenio para eliminar la prueba de ingravidez como requisito en la contratación de mujeres en el ayuntamiento; un acto cultural, "El claustro de Sor Juana", en el que en un despliegue de recursos y en un ambiente elitista, se presentaron la semblanza de Sor Juana Inés de la Cruz y la de Irene Robledo, mujer destacada del medio educativo en Jalisco, entre otros. A pesar de la intensa actividad que el immg ha desarrollado, se percibe un trabajo deshilvanado, sin conexión con el trabajo del Instituto de las Mujeres estatal, y sin un eje rector que guíe el trabajo conjunto y defina de manera clara la función del immg, diferente de aquellas de carácter asistencial y de atención a la familia, que son competencia de otras dependencias. Uno de los vacíos importantes en el quehacer del instituto es la capacitación en temas de género, que de manera sistemática y permanente debe tener en sus programas de acción, tanto a nivel del ayuntamiento como de los ciudadanos, pues la mentalidad misógina y machista está muy arraigada entre la sociedad y sólo con sensibilización, información y capacitación pueden revertirse estos atavismos culturales. Las sesiones de capacitación han sido superficiales y esporádicas. Otra gran deficiencia es la falta de inserción del trabajo y las propuestas del instituto en la administración pública municipal, pues está trabajando de manera aislada, sin un compromiso y participación claros de otras dependencias del gobierno, y sin permear sus propuestas en las prácticas institucionales de las diferentes oficinas municipales. Y finalmente, la falta de un soporte de la sociedad civil que promueva, oriente y avale las actividades del instituto. Existe dentro del marco legal de organización del immg la figura del consejo consultivo, que es un órgano de consulta ciudadana integrado por representantes de organizaciones de defensa de los derechos de la mujer, así como de instituciones académicas; sin embargo, a casi dos años de creado el instituto, este consejo no se ha formado, lo que representa un gran vacío en cuanto a las posibilidades de vinculación entre el instituto y las organizaciones sociales a favor de las causas de género.
Alianzas, resistencias y bloqueos El immg, durante un año de vida, pudo identificar aliados y detractores que de manera recurrente han venido definiendo la línea de apoyos y bloqueos que en su desarrollo claramente se han manifestado. Los aliados, dentro del marco del ayuntamiento en la administración de Fernando Garza, fueron de modo recurrente dos regidoras que sistemáticamente estuvieron cerca de los trabajos realizados por el instituto y por lo mismo tienen elementos para emitir una votación. En el caso de los detractores, se podría considerar que la gran mayoría de los directores y regidores desde la máxima autoridad, el presidente municipal, vieron al instituto como un mal necesario, y por lo mismo no le brindaron apoyo y lo mantuvieron como una dependencia de segundo nivel y sin ninguna representación y jerarquía en las grandes definiciones del gobierno municipal. Entre las manifestaciones que expresan esa indiferencia y menosprecio se podrían considerar las siguientes: 1) Los sueldos de la directora y coordinadoras del instituto, establecidos por la junta de gobierno, presidida por el presidente municipal, estaban por debajo de los de puestos homólogos entre cien y hasta más de ciento cincuenta por ciento. La percepción de la directora era de 24 000 pesos, en tanto que los directores generales (Administración, Bomberos, Obras Públicas, Medio Ambiente y Ecología, y Promoción Económica) tenían un salario nominal mensual de 87 000 pesos, sin incluir prestaciones especiales; por su parte, los directores, por ejemplo de Relaciones Públicas, Comunicación Social y Programación recibían mensualmente 54 000 pesos.14 2) Varios proyectos que pretendió echar a andar el instituto estuvieron detenidos indefinidamente por no existir la voluntad política de los miembros de la junta de gobierno, en cuyo seno, de acuerdo con la reglamentación establecida, debían aprobarse. Es el caso del comité de coordinación interinstitucional de salud, y el programa de capacitación a mujeres en áreas de la construcción que se pretendió institucionalizar mediante un convenio firmado entre el immg y la Cámara de la Industria de la Construcción. 3) Falta de disposición de los funcionarios públicos para colaborar con los proyectos del instituto a favor del personal femenino del ayuntamiento, como el "Diagnóstico de las características y situación laboral del personal femenino del ayuntamiento", que intentó realizar el instituto, cuyos insumos de información de las diferentes direcciones debían ser proporcionados por la Oficialía Mayor Administrativa, la cual recibió un formato de captura en torno a una serie de variables sobre el personal femenino y masculino que labora en el ayuntamiento; después de un año de haber solicitado la información, y hasta el fin de la administración, nunca se proporcionó. En este sentido, también puede referirse la intención de capacitación en temas de género que se pretendió impartir a las mujeres del ayuntamiento, pero se encontraron con actitudes negativas de las autoridades en dar facilidades a su personal para asistir a dichas sesiones.
Conclusiones A partir de la concepción del carácter construido tanto de las políticas públicas como de las instituciones es que deben entenderse las características, la lógica y la dinámica institucional. En tal virtud, la institucionalidad de género en Guadalajara responde a un contexto particular de subjetividades individuales y colectivas de actores que definen una dinámica social, política e institucional. El reconocimiento y la construcción social de marcos de interpretación de la realidad, en cuanto a la convivencia social y el papel de la mujer y el hombre en la vida pública y privada, son formas históricamente construidas. En ese sentido, la posibilidad de legitimar como un problema a atender por el gobierno la desigualdad de género y la discriminación hacia las mujeres debe ser parte de un sentir colectivo, aceptado y promovido desde la sociedad, para ser enarbolado como causa social y llevado a la palestra de gobierno para su incorporación a la agenda pública y, posteriormente, llevado al debate político y a la agenda institucional. La cultura de género, cuya incorporación tanto en las prácticas de gobierno como en el sentir y pensar de la sociedad, es un asunto que va más allá de la racionalidad instrumental de las instituciones, del discurso y de los programas por decreto, tiene que ver con un cambio en las relaciones de poder, en las habilidades, en las competencias, en los modelos mentales y valorativos y, en general, en los patrones de significación de la realidad. La sociedad de Guadalajara ha sido conservadora y tradicional, en donde los grupos oligárquicos tradicionales siguen teniendo un papel importante en el ambiente social y en la vida pública de la ciudad. Guadalajara se ha caracterizado por ser una de las ciudades con más arraigo católico, que domina pensamientos y mentalidades conservadoras y poco permeables a las ideas, modas y actitudes innovadoras y diferentes. Ante una sociedad con tradiciones conservadoras tan arraigadas, con conceptos rígidos de lo que debe ser el hombre y la mujer en la sociedad y la familia; donde las actitudes de dominación-sujeción hombre-mujer a partir de la visión "machista" ha venido siendo el eje básico de la relación entre los géneros, y donde los preceptos religiosos tienen una presencia considerable en las formas de pensar y de actuar de importantes grupos de la sociedad, resulta difícil que una cultura innovadora de transformaciones de mentalidad y conducta pueda permear y revertir subjetividades de tanto arraigo. Los espacios públicos de poder, definición y operación de políticas y acciones de gobierno están en manos de los funcionarios y políticos que en el caso de Guadalajara, en su gran mayoría, tienen referentes cognitivos y valores no afines al concepto de género, y en tanto las definiciones de la agenda de gobierno estén centralizadas sin mecanismos sociales de consulta, seguimiento, vigilancia y expresiones ciudadanas que exijan rendición de cuentas, se erigirán barreras a la incorporación y avance de ciertos temas incompatibles con su patrón de valores y creencias, ya que las instituciones cristalizan la hegemonía de determinadas concepciones sobre otras. Ciertamente, en Guadalajara han surgido voces de colectivos de mujeres de organizaciones civiles y académicas que han puesto en la mesa del debate público problemas de género, demandas y propuestas en el ámbito de políticas públicas, como es la iniciativa para legislar contra la violencia intrafamiliar o la propuesta de la creación de institutos de las mujeres. Sin embargo, han sido voces aisladas y temporales que no han logrado contar con el consenso de sociedad y gobierno, y a falta de presencia permanente, su fuerza se diluye y desdibuja del sentir colectivo. La presión y permanencia social en el proceso de institucionalidad de género es fundamental si se quiere afianzar la instalación y continuidad de la política de género. Cuando ésta no existe, o es precaria, se corre el riesgo de que por iniciativa política del propio gobierno, o de fuerzas de poder en su interior , se promueva la institucionalización como decreto, a veces siguiendo los lineamientos marcados por los organismos nacionales e internacionales, pero tal vez sin ningún compromiso social y político, lo que hace que la propuesta de cambio quede sólo en el discurso y en el papel. En Guadalajara no existe la cultura de la consulta y la participación ciudadana. El gobierno ha privilegiado en los hechos a las organizaciones de asistencia social sobre las dedicadas a la promoción al desarrollo; además, no se han abierto canales suficientes y adecuados para que las organizaciones sociales y civiles establezcan interlocución con el gobierno, y puedan gestionar sus inquietudes y llevar adelante sus propuestas tanto a escala municipal como estatal.15 La creación del immg responde a un modelo de movilización de acceso interno a través de una coyuntura extraordinaria que abrió una ventana política, con la presencia como regidora en el Cabildo (órgano de gobierno municipal) de una mujer perteneciente a movimientos feministas y convencida del tema; no obstante, esas coyunturas extraordinarias no aseguran la estabilidad de los logros alcanzados. Cuando las ventanas políticas se cierran y no existe una solidez institucional, presiones de diferente índole hacen que el funcionamiento institucional vuelva a sus cauces ordinarios. Asimismo, una nueva situación electoral o cambios de gobiernos representan un riesgo de retroceso en lo logrado,16 que puede ser el caso del immg, con el cambio de autoridades municipales. En este sentido, resulta fundamental que los asuntos de género y su orientación como agenda institucional que enarbola y promueve el immg, sean sustentados y promovidos para el debate público, a través de una participación activa y visible de las organizaciones de las mujeres, para alcanzar la fuerza social y los consensos necesarios que logren permear en la sociedad y formar parte entonces de la agenda pública. Mientras esto no se logre, el instituto correrá el riesgo de desaparecer o quedar reducido a su mínima expresión como un apéndice del aparato de gobierno municipal y sin mayor trascendencia ni impacto en la convivencia y las relaciones entre los géneros. El reconocimiento y la activación de la sociedad civil organizada como motor de los cambios y las propuestas de género y políticas públicas resultan impostergables. Ante la diversidad de identidades, la definición de programas verticales de gobierno resulta ya anacrónica y condenada al fracaso; la participación en la vida pública se debe hacer desde dicha diversidad, en la que cada grupo muestre su rostro y sus propuestas específicas. Los tiempos actuales demandan un marco democrático donde la ciudadanía sea expresada "... en el reconocimiento de que cada cual es sujeto de derechos y también copartícipe y corresponsable de las decisiones públicas".17 Finalmente, el immg, en esta nueva administración municipal, tiene ante sí un reto mayúsculo: construir su propio plan de igualdad de oportunidades siguiendo los ejemplos de otras latitudes, para no desviar su función y cumplir con el propósito para el que fue creado y darle coherencia y sentido a la actuación de los mecanismos de género en el municipio. El plan referido es un proceso técnico-político, en cuyo diseño y elaboración el immg deberá fungir como conductor y articulador de las distintas demandas y puntos de vista de los ciudadanos y a través de acciones de sistematización, análisis, síntesis e integración de la consulta ciudadana, llegar a acuerdos para la formulación del plan junto con las organizaciones participantes de las diferentes vertientes y expresiones de los movimientos feministas: la política, la popular y la académica, así como con las autoridades de gobierno y partidos políticos, para que en un proceso activo y de corresponsabilidad de sociedad y gobierno, el plan de igualdad de oportunidades sea una estrategia de acción y compromisos públicos que sean la base de la legitimación social y política de la institucionalidad de género en Guadalajara.
Bibliografía Astelarra, Judith. Veinte años de políticas de igualdad de oportunidades en España. Universidad Autónoma de Barcelona, 2000. Gallardo Gómez, Rigoberto. Jalisco. Tres años de alternancia. Universidad de Guadalajara/Iteso, 1998. Guzmán, Virginia. La institucionalidad de género en el Estado: nuevas perspectivas de análisis. Santiago de Chile: Naciones Unidas, 2001. ______ "Análisis comparado de legislación de políticas públicas e instituciones orientadas hacia la equidad de género". Seminario prigepp-Flacso, Buenos Aires, 2003. Loria, Cecilia. "El enfoque de género en las políticas públicas y la legislación mexicana." Ponencia presentada en el seminario "Análisis comparado de legislación, políticas públicas e instituciones orientadas hacia la equidad de género". prigepp-Flacso, 2002. Secretaría de Gobernación. Informe de Ejecución, Plataforma de Acción, Pekín+5, 2000.
1 Inmujeres, diciembre de 2003. 2 Virginia Guzmán, La institucionalidad de género en el estado: nuevas perspectivas de análisis, Santiago de Chile, Naciones Unidas, 2001. p. 8. 3 Ibid., p. 5. 4 Virginia Guzmán, "Análisis comparado de legislación, políticas públicas e instituciones orientadas hacia la equidad de género. Dimensiones de la subordinación, primera parte", unidad número 3, seminario prigepp-Flacso, Buenos Aires, 2003, p. 2. 5 Idem. 6 Instituto Nacional de las Mujeres, Programa Nacional para la Igualdad de Oportunidades y no Discriminación contra las Mujeres 2002-2006, p. 56. 7 Guzmán, op. cit., pp. 1 y 2. 8 Judith Astelarra, Veinte años de políticas de igualdad de oportunidades en España, Universidad Autónoma de Barcelona, 2000. 9 Movimiento integrado por organizaciones como Mujeres de Jalisco, Programa de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara, imdec, ciam, campo, etcétera. 10 De acuerdo con información obtenida en entrevista con la regidora Ana Estela Durán, presidenta de la comisión edilicia de equidad de género en el Ayuntamiento de Guadalajara, 11 de noviembre de 2003. 11 Reglamento del Instituto Municipal de las Mujeres en Guadalajara, 2002. 12 Hubo algunas propuestas para incorporar en el equipo a mujeres destacadas en la vida académica y en movimientos de mujeres, especialistas en asuntos de género de la Universidad de Guadalajara; sin embargo, fueron vetadas por estar identificadas con movimientos y marchas a favor del aborto y los derechos de las mujeres, y en algunos casos haber sido integrantes de partidos de izquierda. 13 Para la designación de la directora se presentó una propuesta para que la comisión de equidad de género pusiera en la mesa una terna de especialistas en género y reconocidas socialmente por su trabajo con mujeres; sin embargo, no se aceptó y la designación fue impuesta verticalmente por el propio presidente municipal. 14 Ingresos mensuales del personal. Tesorería Municipal del Ayuntamiento de Guadalajara. 2003. 15 Rigoberto Gallardo Gómez, Jalisco. Tres años de alternancia, Universidad de Guadalajara, Iteso, 1998. 17 Guzmán, op. cit., p. 2. 18 Cecilia Loria, "El enfoque de género en las políticas públicas y la legislación mexicana", ponencia especialmente preparado para el seminario "Análisis comparado de legislación políticas públicas e instituciones orientadas hacia la equidad de género", prigepp-Flacso, p. 13. |
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